BIENVENIDOS

No soy politólogo, ni sociólogo, ni historiador, ni crítico literario, ni músico. Aunque les confieso que me gustaría ser algo de todo lo que mencione. Si puedo decir que soy escritor y quizás a través de mis palabras pueda de algún modo aproximarme a lo que no soy.

23 jul 2026

Quilmes invadido

Ha llegado a nuestras manos el libro "Quilmes y las invasiones inglesas" de Héctor Alberto Bandera (El Monje Editor;2006).
La obra está compuesta por un Prólogo de Juan Carlos Lombán; ocho partes tituladas, a manera de capítulos; un Apéndice documental; y, culminando la obra, una Bibliografía fundamental.

Veamos brevemente que nos dice el autor en las distintas partes del libro.

En "Las invasiones inglesas al Río de la Plata" Bandera nos habla del objetivo de su trabajo, delimitándolo a los sucesos de los años 1806 y 1807. Describe también los rasgos más destacados del contexto histórico en el que se producen los hechos y plantea las motivaciones que impulsaron el accionar de los ingleses.
Para finalizar esta parte del libro nos detalla  la composición de la flota británica que llega al Río de la Plata y nos relata parte del desembarco de las fuerzas invasoras en las playas de Quilmes, el 25 de junio de 1806.

Luego, en "Lugar de desembarco", el autor, mediante el uso de distintas fuentes históricas, se esmera en esclarecer el sitio real del desembarco inglés, convencido que el lugar señalado en el Club Náutico de Quilmes es erróneo.

En la tercera parte, titulada "Beresford y Arze separados por el bañado", Bandera nos da un panorama de las horas tensas vividas entre el día 24 y la mañana del día 26 de junio. Ninguno de los bandos enfrentados se deciden a un accionar decidido y reinan más las dudas y especulaciones; en el caso de los locales por la incompetencia de las autoridades y la oficialidad. Los ingleses, especula el autor, a la espera de mayor información y certezas provenientes de espías y contactos en la ciudad.

En la parte siguiente, "El combate de Quilmes", el autor recurre a los testimonios de cuatro protagonistas directos de aquel enfrentamiento para dar cuenta del triunfo británico, el 26 de junio de 1806.

Bandera titula a la parte siguiente "La marcha hacia Buenos Aires, toma de esta ciudad y hechos posteriores". Allí narra el avance de las fuerzas invasoras desde Quilmes hasta la capital del Virreinato y el repliegue de los hombres que habían pretendido resistir al momento del desembarco.
El día 26 termina con algunos tiroteos entre ambos bandos teniendo al Riachuelo de por medio. El ejército inglés no logra avanzar más allá porque el puente había sido destruido.
Sin embargo, al día siguiente dedican todos sus esfuerzos para cruzar el Riachuelo y ante una muy débil resistencia logran ingresar a la ciudad. Allí se enteran que Sobremonte, el Virrey, había huido con los caudales del Tesoro Real hacia Córdoba junto a una considerable cantidad de tropas.
Buenos Aires está indefensa y Beresford solicita su capitulación. La rendición se concreta al mediodía del 27 de junio de 1806.
Una de sus primeras medidas es enviar una partida militar hacia Luján para tomar los caudales y regresarlos a la ciudad. Los mismos son enviados a Inglaterra el 17 de julio donde seran exhibidos como parte del trofeo de guerra que representa la conquista de Bs. As, ahora colonia del Imperio británico. Finalmente el tesoro fue depositado en el Banco de Inglaterra.

Culminando esta parte del libro su autor se detiene a destacar el trato amable y distendido de ciertos actores sociales a los ocupantes extranjeros. Se trataría de las familias mejor acomodadas de la ciudad, con poder e influencia y con fuertes vínculos con el comercio inglés. Bandera presenta como hecho concluyente la existencia de un libro donde se hallan registradas las firmas de cincuenta y ocho habitantes destacados de la ciudad, todos ellos jurando lealtad a su majestad británica. Tres de esas firmas serían de posteriores miembros de la Primera Junta de Gobierno.

En "La Reconquista" se relata la precaria situación logística de las tropas británicas: un pequeño ejército, en relación a la poblacíon de la ciudad, sin caballería y fuera del alcance de la artillería de la mayor parte de los barcos bloqueadores. Era imperiosa la llegada de refuerzos desde Inglaterra; pero jamás llegaron.
Españoles y criollos, de la Banda Oriental, Córdoba, Bs As y su campaña comenzaron a preparar un accionar combinado de sus fuerzas para desalojar a los ocupantes extranjeros.
El 10 de agosto llegan las tropas al mando de Liniers hasta los Corrales de Miserere e intima a Beresford a la rendición. Éste la rechaza.
El día 11 llega a Retiro y derrota un destacamento del enemigo. La caballería rodea la ciudad.
Liniers y sus hombres rodean la plaza. Beresford pretende resistir con el regimiento 71 pero el día 12 agosto de 1806 los ingleses son atacados desde todos los alrededores, incluso desde las torres de las iglesias de San Ignacio y San Francisco.
Para evitar el total aniquilamiento de sus tropas Beresford acepta rendirse y la entrega de sus armas a los hombres que reconquistaron la ciudad de Bs. As.

La siguiente parte del libro en cuestión ha sido titulada "Segunda invasión inglesa". Al llegar a Londres la noticia de la derrota de sus tropas en Buenos Aires se decide el pronto envío de un poderoso ejército al mando de John Whitelocke.
Al momento del desembarco en la Ensenada había reunido unos diez mil hombres. Esto acontece el día 28 de junio de 1807.
En la mañana del día 29, en las inmediaciones de Quilmes, la vanguardia invasora toma contacto con hombres de Liniers. Lo mismo ocurre al día siguiente. Son Húsares que van retirando hacienda de la zona y mientras se repliegan hacia la ciudad aprovechan para molestar con lo que pueden a la vanguardia que avanza hacia ellos.

La experiencia de la primera invasión y la posibilidad latente de un segundo intento  derivaron en una mayor preparación de sistemas defensivos, así como también en un mejor entrenamiento de los hombres para enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Liniers llegó a reunir cerca de ocho mil hombres.

El autor nos relata también, brevemente, el paso por Quilmes de la vanguardia, del grueso del ejército y de la retaguardia. Este transitar del ejército inglés por tierras quilmeñas acontece entre los días  1° de julio y el 5 de julio de 1817.

Para el día 3 de julio la vanguardia y el grueso del ejército ya han cruzado el Riachuelo y se hallan en Miserere. La estrategia británica consiste en marchar hacia el fuerte por varias calles perpendiculares al río. No pensaron que desde techos y ventanas recibirían ataques de vecinos y soldados. Fue una feroz defensa de la ciudad la acontecida el 5 de julio de 1817.
Días después los invasores aceptan firmar su derrota.

Finalmente, en "El Cantón Independencia", el autor repasa la evolución de los sistemas defensivos que existieron en la barranca de Quilmes desde 1768 hasta 1845.
El objetivo fundamental era controlar los movimientos enemigos en el río y en la playa de Quilmes; para advertir lo más pronto posible a las autoridades y, de ser necesario, demorar el avance de las fuerzas invasoras.
Tales sistemas defensivos no solo estaban compuestos por baterías y cantones sino que existieron diversas instalaciones que debían ser de utilidad a las distintas tropas allí destacadas. La cantidad de las mismas fue variando, dependiendo de la importancia que se le adjudicara a la amenaza.

Análisis y definiciones.

Hasta aquí hemos realizado un breve resumen del contenido de las distintas partes que componen el libro de Héctor Alberto Bandera.
Pero un libro no puede considerarse como tal si no despierta reacciones, inquietudes y, porqué no?, algunas polémicas en los lectores.
"Quilmes y las invasiones inglesas" logra alcanzar esos objetivos y aquí intentaremos abordarlos con el mayor de los respetos y con la rigurosidad intelectual que nos sea posible ejercitar.

Uno de los aspectos que más sobresalen en la obra de Bandera es el permanente uso de distintas fuentes históricas. Es una constante del autor recurrir a distintos archivos, ya sean gubernamentales, militares o judiciales; también lo ha sido el análisis de relatos directos de los protagonistas a través de su correspondencia o de sus memorias; y también ha sido de importancia clave el acceso y estudio de diversos planos trazados por agrimensores e ingenieros.

Con el uso de todas estas fuentes que hemos mencionado el autor logra ubicarnos, imaginariamente, en el lugar y en el tiempo donde ocurrieron los hechos narrados. Esto es, a nuestro humilde entender,  uno de los objetivos fundamentales que debe procurar todo libro de Historia.

Creemos sinceramente que el trabajo de Bandera alcanza su mayor vuelo cuando logra desmitificar la creencia instalada de que el desembarco inglés ocurrió en donde hoy se halla el Club Náutico Quilmes. La hipótesis del autor es que el desembarco ocurrió en un punto de la playa más cercano a Bernal. Y las pruebas presentadas parecen confirmar los argumentos del autor.

Todo lo expuesto hasta aquí son clara evidencia de la importancia de las fuentes en el trabajo del historiador.
Sin embargo, no siempre las fuentes "hablan" con la verdad a flor de piel. Es trabajo del investigador de la historia interpretar lo que dicen y lo que callan. Porque podrían caer en verdaderas trampas históricas si hacen una lectura ligera o erróneas de las fuentes utilizadas.
Así, por ejemplo, Bandera advierte que es imposible que no hubieran muertos en el Combate de Quilmes. Sin embargo, "no deja de llamarnos la atención que en este combate no se informen bajas por ninguno de los dos bandos...", dice el autor. Y agrega con respecto a una planilla de muertos y heridos ingleses: "Si vamos a atender este registro, y lo que conlleva, podemos suponer que hubo intención de ocultar bajas".

Es decir entonces, que la interpretación de las fuentes y las definiciones que obtenga de ello son la otra parte fundamental en todo libro de Historia. Son la sal, por así decirlo, que da "gusto" a la obra.
Ahora bien, no intentaremos profundizar en los procesos de interpretación y conceptualización de los investigadores y escritores de la Historia. No solo por falta de espacio sino sobre todo por falta de erudición.
Pero no podríamos abandonar éste artículo sin dejar de señalar algunas definiciones dadas por Bandera en su obra.
Dice por ejemplo: "Lo que es inaceptable es presentar este proyecto de dominación comercial (...) como un simple acto de piratería".
Habría que preguntarse hasta que punto hay grandes diferencias entre los piratas y los soldados y generales de S.M. británica. Dejemos de lado sus diferentes banderas y encontraremos hombres que atacaban y destruían navíos y ciudades, con el respaldo de reyes y gobiernos, para obtener tesoros ajenos que eran repartidos en función de la jerarquía ostentada. Así como muchos reyes recibían su parte de los botines de los piratas, también el resto de los tesoros robados en Buenos Aires terminaron en el banco de Inglaterra.

En la página 45 del libro encontramos una  gran indignación del autor por diversos sucesos ocurridos en Quilmes: "No podemos dejar de resaltar(...)que las fuerzas de Beresford luego de desalojar a los españoles, hicieron descargas sobre los dispersos y también sobre casas y ranchos de las inmediaciones por temor a que hubiese hombres emboscados en ellas. Si sumamos hechos que vamos confirmando, tenemos que Quilmes también hubo que tolerar agravios como este; el de la ocupación como cuartel general durante la invasión de 1807; el saqueo de provisiones y ovejas y tener que abandonar sus viviendas hasta que el invasor se retire".
Solamente en éste párrafo hemos encontrado tal nivel de indignación y repudio al invasor. En el resto del libro el relato descriptivo es proponderante y son escasas las exclamaciones u opiniones críticas al accionar, o a la sola presencia, de los invasores.
Más aún, por momentos, la mirada inquisidora se detiene no sobre españoles o ingleses. La crítica e indignación se focaliza en los patriotas, a los que parece querer acusar de traidores probritánicos.
En efecto, ¿qué nos quiere decir el autor cuando afirma en la página 18: "la actitud de una gran parte de la población de Buenos Aires ante los invasores; las reuniones entre Beresford y Castelli, etc, todavía están esperando una explicación, que creemos debe ser superadora de la simplicidad reinante, ocupada en destacar las relaciones entre imperio y colonia".?

A quienes realmente sabemos poco de las distintas corrientes historiográficas nos encantaría saber a que se está refiriendo el autor.
Pero volvamos a lo que veniamos diciendo sobre su intención de echar sospechas sobre algunos de los patriotas que más se destacarían años despúes.
Dice Bandera en la página 52 de su libro: "Sería interminable relatar la bienvenida dada por una parte de la población de Buenos Aires a los invasores, bástenos traer a colación, como hecho concluyente, la existencia de un libro de firmas en poder de los británicos(...)donde se registran los juramentos de lealtad a su majestad británica de cincuenta y ocho habitantes de la ciudad, entre los que se cuentan comerciantes y tres miembros de lo que después sería la Primera Junta de Gobierno".
Este libro de firmas fue entregado por Alejandro Gillespie al Foreing Office en septiembre de 1810 por considerar que varias de las firmas correspondían a patriotas que formaban parte del nuevo gobierno de Buenos Aires.
El libro en cuestión ha desaparecido. Así que los investigadores que quieren trabajar este tema deben recurrir a los recuerdos expresados por Gillespie en alguna correspondencia o a propias y ajenas especulaciones.
Así por ejemplo, se menciona a tal Francisco Yosé Castelli y se piensa en Juan José Castelli; un tal Saavacha sería Saavedra en realidad. Otros arriesgan mucho más y dicen que Belgrano, por su cercanía a Castelli, sería otro de los firmantes. Y no cesan de tirar nombres al ruedo: Paso? Rivadavia.
Sorprende entonces que Bandera hable "que los nombres que conocemos de los firmantes son concluyentes" y vuelve entonces a mostrarse indignado: "No debe extrañarnos, puesto que hasta el día de hoy se vienen repitiendo estas cosas, con ligeros cambios de circunstancias y apellidos. La conducta humana no cambia, siempre es la misma".
Nos preguntamos entonces: ¿la indignación del autor es por la jura de lealtad de los patriotas a un soberano extranjero o por la traición de esos patriotas que terminaron armándose para expulsar y rechazar al invasor?..

No ponemos en duda que la oficialidad del ejército inglés haya sido alojada en casas de destacados vecinos de la ciudad,  que estrecharan vínculos con esos hombres importantes, o que hayan bailado con las damas porteñas en tertulias realizadas para agasajarlos. Siempre hubo y habrá gente poderosa capaz de pactar con el mismo diablo, si con ello logran mantener o incrementar su poder.
Sin embargo, si consideramos las propias palabras del autor al afirmar, "se podrá argumentar que el número de firmas es insuficiente para alegar connivencia de una parte de la población con los invasores,(...)que el temor de lo futuro inmediato hizo que muchos se abstuviesen de momento", nos hace reflexionar que en verdad cincuenta y ocho firmas, en una población cercana a los cuarenta mil habitantes, representan una demostración mínima de lealtad al gobierno extranjero.
Y pensemos entonces en quienes pudieron haber firmado ese libro. Los vecinos más destacados eran, en su gran mayoría, importantes comerciantes y hacendados. A los que debemos sumar a los funcionarios de la administración colonial española. Solo considerando a los comerciantes ingleses en la ciudad tenemos una cifra cercana al medio centenar. Seguramente que ellos no necesitaban ratificar su lealtad al gobierno británico, pero habran facilitado el acercamiento de varios de sus colegas locales a los hombres del ejército invasor.
Con respecto a los funcionarios sabemos que fueron "invitados" a dejar constancia de su lealtad al nuevo gobierno. Belgrano y Castelli eran funcionarios del Consulado. ¿Podían evitar tal situación? En principio Belgrano afirma en su Autobiografía que salió de la ciudad para no someterse a tal exigencia. Castelli era quien ocupaba el puesto de Belgrano cuando éste se ausentaba. ¿Pudo haber evitado dejar su firma?
Supongamos que Castelli firmó ese juramento de lealtad al invasor. Y supongamos que Belgrano nos mintió y que tarde o temprano debió dejar su firma en ese libro.

¿Puede realmente considerarse esto una prueba contundente de las convicciones de Manuel Belgrano y Juan José Castelli?
Creemos que no. Es probable que, como muchos hombres ilustrados de su generación, ambos sintieran alguna simpatía por ciertas ideas políticas y económicas expresadas por diversos pensadores ingleses. Pero las invasiones a Buenos Aires marcaron un antes y un después en el pensamiento y en la sensibilidad de varios de los patriotas.
Sinceramente pensamos que nuestro panteón de próceres no es tan amplio y diverso como para estar creando dudas y sombras sobre varias de sus figuras. Avanzar sobre ellos de manera gratuita y liviana, dinamitando la memoria de nuestros padres fundadores, representa un grave acto, cercano al suicidio como pueblo y nación.

TROVADORES URBANOS (artistas en peligro de extinción)


TROVADORES URBANOS (músicos en peligro de extinción!)

Cada tanto, en mis viajes en el ferrocarril Mitre con rumbo a mi trabajo, veo y escucho a un joven hombre que canta y toca la guitarra criolla frente a los pasajeros del tren.
Para ser sincero, debo decirles que no tiene una gran voz , seguramente gastada por la exigencia cotidiana y que su técnica instrumental es apenas la básica, ejecutada con una guitarra que parece gritar por un pronto retiro.

La gran mayoría de los pasajeros, entre los que me incluyo, no parecen prestar demasiada atención a ese hombre, de unos cuarenta años de edad, de aspecto algo desprolijo, de pelo largo, a veces con barba y con ropa con aires "hippies".
Pero no solo ese aspecto, que para algunos puede resultar simple - e incluso vulgar- parecen jugarle en contra. Sus interpretaciones musicales suelen ser iniciadas, mediadas y finalizadas con un discurso que destacan aspectos humanitarios, moralistas, por momentos filosóficos y denunciando profundas y perturbadoras problemáticas sociales.
Las letras de sus canciones, muchas veces casi desconocidas aún siendo de artistas destacados, pueden hablar del Che Guevara, de la guerra civil española o de las injusticias propias del capitalismo. Su discurso, su música, su arte, es esencialmente político.

Cualquier asesor de imagen o de marketing, de esos que se llenan los bolsillos manipulando las voluntades de políticos o músicos que aspiran a ser famosos o relativamente "exitosos", dudaría ante la ardua tarea de transformar la voluntad, el estilo o la apariencia de ese artista urbano y rebelde, no solo por la escasa posibilidad de obtener una ganancia monetaria sino, sobretodo, por el temor de fracasar en moldear un producto superficial y vendible, anulando o eliminando la rebeldía más auténtica.

Cuando aquel hombre culmina su interpretación musical acontecen unos segundos de tenso silencio, como si el público se hiciera rogar para dar su aplauso, hasta que finalmente se produce.
Una noche, cuando ya casi terminaba de recibir unas monedas tras su interpretación, el hombre dijo algo que suele decir, un consejo que no viene mal en éste tiempo tan frenético y superficial. Dijo entonces:
"...y esta noche, antes de encender el televisor, recuerden que es mucho mejor leer un libro".
Entonces -para ir acelerando la presente anécdota- una mujer, de condición humilde, que parecía tener algún trastorno mental, le respondió, más o menos, en estos términos:
-" ¡Pero que venís vos a dar consejos, comunista resentido, amargado y perdedor! ¡Te la das de Charly García y sos un pobre músico que toca en los trenes, que no tiene dónde caerse muerto!".
No conforme con su sentencia agregó:
-"¿Encima venís a decirnos que no veamos la tele?. No todo es malo en la tele. En canal Encuentro dan lindas cosas. ¡Y sino lo tenés a Tinelli!".
La mujer continuó vociferando y el hombre algo le retrucó, pero sin ánimo de profundizar en la discusión, ya que era evidente que la mujer no estaba totalmente en sus cabales.

Carlos Eduardo Díaz Derechos reservados del autor  Buenos Aires Argentina

20 jul 2026

LA MALDICIÓN ANCESTRAL


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¿Entrarías a un pueblo que el GPS no marca y del que nadie quiere hablar?
Dos generaciones, distantes en el tiempo, y una herencia familiar marcada por las maldiciones del pasado. ¿Podemos renegar y escapar de ellas o debemos aceptar y reivindicar su papel central en nuestro destino?
En el pequeño pueblo Gaucho Malo fuerzas oscuras pretenden recuperar el control sobre un lobizón y "Mandinga", el hijo pródigo del pueblo.
Un sacerdote jesuita y una pareja de jóvenes, Mariano Segovia y Samanta Ramírez, herederos de los linajes malditos, deberán enfrentar a los adoradores del Maligno para evitar que el pueblo quede bajo el absoluto dominio del mal durante la "luna roja".
Un universo que empezó hace 3 añosPasaron más de tres años desde aquellos primeros relatos donde ya se mencionaba la existencia de un lobizón en la provincia de Buenos Aires gobernada por Juan Manuel de Rosas. La historia creció, sumando nuevos personajes: Mandinga, Samanta, el mozo del boliche, Sarmiento y Bergoglio.
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17 mar 2026

LA MALDICIÓN ANCESTRAL. CAPÍTULO UNO

 CAPÍTULO UNO: MARIANO SEGOVIA 




La prolongada e infernal ola de calor que castiga sin piedad a gran parte de la provincia de Buenos Aires hizo dudar a Mariano Segovia sobre la conveniencia de emprender el viaje. Pero no podía seguir postergándolo. Solo rogaba a Dios que su viejo chevrolet 400 SS, que había heredado de su padre, pudiera completar la travesía sin grandes sobresaltos. Tener que bajar del auto por un desperfecto mecánico en ese agobiante mediodía dejaba abierta la posibilidad de morir calcinado sobre la ruta, exageró un poco antes de subirle el volumen a la radio. Las noticias informan sobre una realidad caótica en los grandes centros urbanos del país, producto del descontrol de las variables económicas, del accionar de los piqueteros y los saqueos a supermercados. Algunos analistas incluso hablan del traspaso adelantado del poder presidencial. 

El intermitente destello de los rayos detrás de las nubes, y los truenos que se escuchan pocos segundos después, permiten pronosticar la tan esperada tormenta que traiga algo de alivio a la región. Cuando finalmente se desata la furia de lluvia y viento sobre la ruta Mariano se ve obligado a salir de ella porque es muy peligroso seguir conduciendo en esas condiciones climáticas. Unos kilómetros atrás había visto la publicidad de un parador-hospedaje ubicado a escasos metros de una estación de servicio YPF. Por fortuna pudo llegar a él en ese preciso momento. Al ingresar lo impactó su ambientación "retro" de los años 50 y 60.

Habían pocos clientes así que no tuvo que esperar mucho tiempo para ser atendido por Samanta, la única persona que parecía estar trabajando en el lugar. Ella era joven, muy bonita, y su natural simpatía sin duda resultaba reconfortante para los viajeros. Durante varios segundos Mariano quedó como embobado, observando a la muchacha, hipnotizado por su sonrisa y demorando en dar respuesta a su pregunta :

-¡Buen día! ¿Deseas pedir el plato del día o prefieres consultar el menú?

Mientras espera el almuerzo el joven se dirige hasta la llamativa vitrola y no tarda en decidirse por una canción. Cuando comienza a sonar Green River de los Creedence Clearwater Revival experimenta una peculiar forma de felicidad.

Minutos más tarde, al servirle Samanta el plato solicitado, Mariano le preguntó si aún estaba lejos el punto que le señalaba en el mapa que había puesto sobre la mesa.

La joven le informa que 5 km al sur debe salir de la ruta y recorrer otros 10 km por un polvoriento camino que lo llevará a ese destino.

Ella no puede evitar ser curiosa y le pregunta: 

-¿No tienes miedo de ir solo a ese lugar?

-Sinceramente no tengo miedo. ¿Porqué debería tenerlo?

-Es casi un pueblo fantasma. Pero supongo que asistirás a los festejos por "la luna de sangre". El lugar sólo adquiere vida cuando hay luz lunar...bueno... ya sé que la luna no tiene luz propia...se entiende ¿no? -dijo ella levemente sonrojada por la sonrisa que generó en él su ocurrencia.

-¡Qué interesante!  ¿Escuchaste hablar de un tal Demetrio Segovia?

-¡El "escritor espectral"! Dicen que está "maldito", al igual que ese pueblo. 


Cuarenta y cinco minutos después Mariano se retira del lugar no sin antes dejar bajo el plato unos billetes extras junto a una tarjeta de presentación donde se puede leer MARIANO SEGOVIA (Escritor). En su reverso solo hay un número de teléfono y entre paréntesis el número de interno.

-¡Muchas gracias por tu amable atención! ¿Sabes si hay hoteles en Gaucho Malo?

-Uno muy modesto. Aquí al lado tienes uno de mayor nivel.  ¡Hay habitaciones disponibles! -dijo Samanta con un brillo especial en su rostro casi angelical.

-Ok, lo tendré en cuenta. Por cierto, me encantó la ambientación de este lugar. Será porque algunas personas me han dicho que tengo un "alma vieja".


Samanta sonrié hasta ver salir al joven del lugar. Pero cuando  alcanza a leer la tarjeta se pone seria y piensa si el mísmo apellido que el escritor "maldito" de Gaucho Malo es solo una perturbadora coincidencia.

La tormenta ya se aleja hacia el este y el sol pronto volverá a elevar la temperatura. Mariano  enciende el motor de su automóvil y al mirar por última vez hacia el parador la ve a Samanta muy cerca de la ventana observándolo desde el interior con cara de preocupación.


Desde que era un niño Mariano  ha sentido una especial atracción por la literatura. Leer y escribir son para él como las dos caras de una misma moneda. Pero en los últimos años esa necesidad creciente de escribir a pasado a ser como una pulsión vital, un fuego interno que arde y quema, reclamándole expresarse a través de la palabra escrita. Su timidez siempre fue un serio obstáculo para comunicarse con los demás. Ser escritor le ha permitido romper buena parte del aislamiento que le impedía darse a entender y así pudo mejorar sus vínculos con las personas reales, insertándose de manera más productiva a la sociedad. 


El camino hasta Gaucho Malo, también conocido por algunos como "el pueblo de Mandinga", era apenas una delgada capa de asfalto que en varios tramos del recorrido ya estaba muy deteriorada, lo que provocaba el levantamiento de densas nubes de polvo cada vez que pasaba un vehículo. 

Mientras conduce hasta el pueblo diversos pensamientos cruzan por su cabeza. Es un joven periodista y escritor que sueña con vender muchos libros y lograr así el reconocimiento de la crítica especializada y de los lectores. Pero la realidad es que sus dos libros de ficción se han vendido muy poco. Mejor suerte tienen sus columnas en el periódico sensacionalista "El observador indiscreto" donde el editor en jefe le permite escribir sus crónicas de resistencia (supervivencia en la mayoría de los casos) siempre y cuando incluyan unas buenas dosis de actividad paranormal,  morbosidad y violencia explícita. Esa realidad laboral provocaban en él un cierto fastidio y una gran frustración. Por un lado pensaba que lógicamente la situación económica impedía a mucha gente poder destinar parte de su dinero a la compra de libros y que debían conformarse con lo publicado por el diario. Pero también se preguntaba si la buena repercusión de esas publicaciones le servían para alejar el fantasma del escritor mediocre que cada tanto lo atormentaba. 

Mariano quería crecer como escritor y para ello tenía bien en claro que debía aprender del talento y el saber de los escritores más experimentados. Leerlos y  escucharlos resultaba entonces imprescindible porque en ellos podría encontrar sabiduría y templanza para encarar con renovado ímpetu su anhelo de ser un escritor, sino consagrado, al menos medianamente reconocido. 

El hecho que estuviera  conduciendo en ese desolado camino con rumbo a un pueblo casi perdido en medio de la nada obedecía en gran parte a ese interés en aprender de los escritores más sabios. 

Un día estando en la redacción del periódico alguien le hizo llegar un sobre con un papel dentro, escrito a máquina, donde se mencionaba a un peculiar personaje conocido como "el escritor espectral": un hombre mayor narrando historias de terror y misterio en un bar del sur provincial que alguna vez había sido una pulpería. Historias con mucha actividad paranormal que el mismo narrador había escrito. Sin embargo, era el nombre del tipo, Demetrio Segovia, lo que más le llamó su atención puesto que así también había sido el nombre de uno de sus ancestros, muy lejano en el tiempo, cuarta o quinta generación anterior a la suya, al parecer también un apasionado escritor, considerado "maldito" en la tradición oral familiar y del que absolutamente nadie en la familia, durante muchísimo tiempo, supo su nombre. Es que generalmente recordamos solo hasta el nombre de nuestros abuelos pero aquel ancestro escritor había sido el tatarabuelo de Mariano Segovia. Y todo esto, es decir, el nombre y su posición en el árbol genealógico, recién lo supo luego de estudiar unos documentos que habían estado bajo custodia de su abuelo. 

Pero ¿porqué "el escritor espectral" de Gaucho Malo tenía el mismo nombre que el ancestro de Mariano? ¿Sabía de él y lo utilizaba como una especie de homenaje? ¿Era un chanta tratando de obtener una ganancia o ventaja? ¿O era pura casualidad? 

15 mar 2026

DE ATAJOS Y POTREROS

En el pueblo donde crecí había senderos que te permitían evitar el caminar hasta el final de la cuadra para, de ser necesario, doblar la esquina. Esos caminos, formados por el incesante ir y venir de los vecinos, eran verdaderos atajos para llegar más rápido al almacén de Estela o la parada del colectivo 293. Pero también podía darse el caso de provocar breves demoras cuando el delgado hilo de tierra por donde caminabas terminaba por transformarse en un espacio mayor, totalmente despoblado de pasto, donde los pibes del barrio se reunían para jugar al fútbol, a la bolita o para remontar los barriletes hechos con cañas, papel de diario y un pedazo de tela para la cola del cometa casero; muchas veces armados con la ayuda de nuestros padres o amigos. Aquel espacio pelado de vegetación era, paradójicamente, "el campito" o "la canchita" que nuestros viejos conocieron como "el potrero". Allí podían forjarse amistades eternas o enemistades transitorias: rivalidades que al poco tiempo desaparecían cuando era necesario sumar otros jugadores para igualar los equipos. Ser el dueño de la pelota te habilitaba a ciertos privilegios, siempre y cuando tu vieja te diera el permiso para salir de la casa después que una comitiva de pibes habían golpeado las manos en la vereda para exigir tu presencia junto a la pelota, que usualmente era de cuero aunque también las había de goma o un plástico que parecía cemento cuando debías cabecearla. De darse la situación que tu mamá estaba presente pero no te daba el permiso de salir porque tenías que terminar la tarea escolar o ya te habías bañado no te quedaba otra opción que prestar la pelota, si es que no querías sentir como los pibes del barrio te reducían de tamaño solo con sus miradas condenatorias. También podía darse el caso extremo que tus padres no estaban en la casa y que no tenías el permiso de salir a la calle. Pero si los chicos veían felices que la pelota era lanzada desde el interior para terminar rebotando en la vereda y enseguida verte asombrados trepar la reja o saltar el muro para caer estoico frente a ellos pasabas inmediatamente a ser el héroe de la jornada.

14 ago 2021

PARTE UNO. Capítulo cuatro: 1980-1989, parte C


En aquel año de 1987 comienza a surgir y desarrollarse el mayor de mis sentimientos amorosos por una compañera de división. Su nombre: Miriam Ramírez, una de las chicas más lindas de la escuela. Comencé a dejarle cartas en su carpeta e ingenuamente seguí enviándole por intermedio de algún amigo. Prácticamente un año se prolongó mis intentos de hacerle saber que yo estaba loco de amor por ella, pero era tanta mi timidez que nunca me animé a decírselo personalmente. Si ella me hubiese hecho saber que no tenía la menor intención de darme una oportunidad yo habría dejado de molestarla. Pero su silencio me daba aliento y esperanza de seguir escribiendo cartas de amor. ¡Quizás fui el último tonto enamorado del mundo en escribirlas!
Ya iniciado el ciclo lectivo de 1988 volví a escribirle pero finalmente el 24 de junio me hizo saber que quería verme solo para decirme en la cara que yo no le interesaba, que dejara de molestarla. Así lo hice y aquella negativa saliendo de sus labios representó mi segundo gran amor no correspondido.
Ese año, 1988, puede considerarse uno de esos años especiales que marcan un antes y un después en nuestras vidas.
A lo recién mencionado sobre mi fracaso en los intentos de conquistar el corazón de la chica que me gustaba, debe sumársele las vacaciones de casi 30 días que pasé junto a mis padres y mis hermanos en Aguilares, Tucumán. 

Por la gran carga emocional que implica todo lo concerniente a dicho viaje a Tucumán en Enero de 1988 publicaré íntegramente lo que escribí en mi diario personal el día lunes 22 de Febrero, un día después de nuestro regreso a Buenos Aires:

"Ayer regresamos de Tucumán. De vuelta estamos en Bs. As.
Fueron unas hermosas vacaciones.
Llegamos a San Miguel de Tucumán a las 13 hs. Afuera de la estación del ferrocarril encontramos 
al tío Miguel y a la tía Lidia (hna de mi papá), quienes nos llevaron en el auto a la ciudad de 
Aguilares, donde vivió mi viejo cuando era pibe.
La casa de mis tíos está ubicada en una esquina, a una cuadra y media de la casa de mi abuelo, 
donde vivió mi papá cuando chico. Las primeras noches dormimos en lo del Abuelo pero la 
mayoría de las noches mis hnos y yo dormimos en la casa del tío.
Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos allí. A veces tomábamos el café con el abuelo. Él 
almorzaba con nosotros. Leía el diario -La Gaceta- y se quedaba a comer.
Los familiares que tenemos en Tucumán, además del abuelo Pedro, el tío Miguel Pastorino y la tía 
Lidia, son: mi primo Tomy, mis primas Graciela, Mirta, Norma y Patricia. Tomy se separó de su 
primera mujer y se casó con otra, que es a la vez hna de Jorge, el marido de Mirta, y tiene una hija 
nacida el 9 de noviembre del 1987. Viven en la ciudad de San Miguel de Tucumán.
Con mis tíos viven Graciela, su marido Javier y sus cuatro hijas: Soledad (Agosto 1980), Lorena (2 
de Abril de 1982), Lourdes (1984) y Luciana, que nació el 9 de diciembre de 1987.
Norma es soltera, pero tiene novio y vive en la capital con unas amigas de la facultad.
Mirta tiene dos varones y una nena y está esperando para mediados de año. También viven en la 
ciudad capital de la pcia.
Patricia, nació el 19 de enero de 1965 y vive con sus padres.
Nos divertíamos jugando con Patricia, con las nenas, escuchando la radio, mirando la tele, 
andando en bicicleta, que era de Patricia. Íbamos al río. Caminamos por Aguilares. Fuimos al corso, 
por los carnavales y vivíamos constantemente alegrados por la simpatía de Javier.
Varias veces fuimos al río Medina y en las partes centrales la arena formaba "islas". El agua estaba 
hermosa.
Un día fuimos en el auto a Cochuna, un río en los cerros donde había muchas piedras. Antes de 
volver subimos con mi papá, Patricia y mis hnos a un cerrito lleno de vegetación: ¡cómo nos 
reímos!
Al otro día fuimos al río que pasa por Aguilares pero cinco kms más arriba y ya había muchas piedras. Trajimos algunas de recuerdos. El paisaje es indescriptible.
Una tarde fuimos a Santa Ana, ciudad del sur tucumano, donde, según contaban, existía El Familiar, perro que en realidad era el diablo.
En la casa también jugamos al pin-pon. Un día nos contaron los distintos hechos extraños que 
ocurrían en la casa años atrás, relacionados con fantasmas y esas cosas; pero luego de hacer pintar 
la casa ya no ocurrió nada más.
El viernes 19 se largó una tormenta por la noche y al otro día nos íbamos. Dormimos nuestra 
última noche allí. Al día siguiente amaneció bien. Nos levantamos a las 7 hs, desayunamos y 
fuimos para la casa del abuelo para prepararnos: las valijas, nuestra ropa. Luego fuimos al tío. 
Todo estaba listo. Yo grabé en un casete unas canciones de Palito y antes de venir, Rubén, Ale y 
yo, nos despedimos sencillamente diciendo "chau" en el mismo casete.
Llegó la despedida. Javier, Graciela, Lorena. Y cuando quise dar un beso a Lourdes dio un grito, 
¡pobrecita!, estaba muy triste. Estoy seguro que a mi fue a quien tomó más cariño ya que siempre 
jugábamos juntos.
El adiós al abuelo, que ya tiene 80 años. El adiós a la casa, al barrio, a la ciudad de Aguilares.
En todos los ojos brotaron las lágrimas; en algunos más que otros. Yo me decía "vamos Edy, vos podes aguantar" y lo hice. Soledad, que nos acompañó junto con Patricia, tampoco lloró. Mis padres, Rubén y Javi lloraron.
Nos fuimos a las 11hs. Mientras viajábamos a la capital contemplaba los cerros. Antes de ir a 
Tucumán nunca había visto montañas personalmente.
Cuando llegamos a la ciudad fuimos a la casa de Tomy. Comimos asado y después fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Conocimos la casa de José Colombres pero cuando salimos se largó una tormenta. Pasamos por la Casa Histórica de Tucumán y volvimos a lo de Tomy. Nos cambiamos. La tormenta cesó un momento y fuimos para la casa de Mirta. Conocimos al marido. Tomamos unos mates con bizcochuelo; pero como la tormenta estaba ya muy fuerte nos fuimos a la estación del tren.
El tren salía a las 20hs. Acomodamos el equipaje y nos sentamos. A las 8 menos cinco comenzó la despedida...y nuevamente las lágrimas. Era lógico; pude soportar una vez más.
La lluvia había calmado pero el tren se demoraba en salir. Entonces mi papá le dijo al tío que se 
podían ir, antes que comenzara a llover más fuerte y así lo hicieron. ¡Hasta siempre!
Las sospechas se confirmaron. Minutos más tarde llovió con todo. Parecía que Tucumán quería 
retenernos. Por fin, a las 21.15 hs, el tren comenzó su andar; despacio, pero ya era algo.
En un viaje de menor calidad que el primero llegamos a Bs. As. con tres horas de retraso".

Finalmente, en 1988, en la División 4to 1ra, Turno mañana del "Piedra" comienza a gestarse un extraordinario grupo de amigos que alcanzará su apogeo al año siguiente, en nuestro último año de escolaridad secundaria en el Piedrabuena de San Francisco Solano. 
"Los varones del curso sumaban 18: Giménez Elvio, Cáceres Miguel Ángel y Gustavo Tupone ( los únicos tres que me acompañaban desde 1ro 12), Esquivel Roberto, Moyano José Luis y Sergio Rodríguez (compañeros desde el 2do 6ta del 86), Gabriel Alfieri, González Alejandro (compañeros desde el 3ro 1ra del 87).
Los que se incorporaron al grupo de 4to 1ra, provenientes de otros 3ros fueron: Abalos Gabriel, Díaz Julio, Fernández Manuel, Jager Leonardo, Kobal Oscar, Lebrand Pedro, Lombardo Adrián, Perchivale Rafael y Roth Marcelo.
Si bien es cierto que varios de los mencionados no estuvieron en 1989, porque repitieron el año, continuó el contacto frecuente con ellos lo que permitió estrechar los lazos de amistad. 
A muchos de los últimos incorporados ya los venía tratando desde el año anterior, en los recreos o en las clases de Educación Fisíca.
Gabriel Abalos vivía a varias cuadras del otro lado de la Monteverde. No obstante ello su casa se transformaría en varias oportunidades en punto de encuentro para celebrar la amistad de aquel grupo de chicas y chicos. 
Era un pibe sencillo, humilde y generoso. Uno de los varios que jugaban muy bien al fútbol. Sin duda fue una de las mayores tristezas el hecho que no pudiera pasar a 5to año.
Con "Fita" Perchivale Y "Manolo"( o “Gallego” ) Fernández se ampliarían los compañeros que vivían más allá de la Av. San Martín. Fita no terminaría 5to con nosotros sino en el 5to pedagógico.
Leo y Pedro vivían cerca entre ellos y cerca del colegio, en la zona de la calle 850 y las cercanías a los terrenos del ex ferrocarril de Solano. Ambos llegaban, junto con Oscar, como un grupo compacto e independiente del resto de los nuevos compañeros, situación determinada sin dudas por el hecho de ser alumnos repetidores.
Sin embargo, tal condición no fue impedimento para la plena integración al resto del grupo, que, a decir verdad, a principios de 4to año estaba en proceso de reconocimiento y configuración de un nuevo y, en cierto sentido, definitivo grupo de amigos.
Oscar vivía en la calle 880, a unas cuadras de la 844, en La Florida. Era uno de los pibes más altos del curso, de poderosa voz y gran carisma. Sin duda fue uno de los líderes del grupo de amigos.
¿Qué decirles de Adrián Lombardo? Uno de mis mejores amigos de la escuela primaria, ahora volvíamos a reencontrarnos en 4to año. Era el que más cerca vivía de la escuela, en la esquina de 895 y 843, por lo que su casa fue convirtiéndose en el bunker donde solíamos reunirnos. 
Julio Díaz, el "salteño", otro de los que jugaban muy bien al fútbol, estaría solo en 4to conmigo ya que regresaría a su provincia.
Marcelo Roth vivía en la calle 837, entre las calles 894 y 893, a unas cuadras de la escuela. De los más altos del curso, delgado y rubio, Marcelo fue otro de los que se destacaban jugando muy bien al fútbol y que había pasado por las inferiores del QAC (Quilmes Atletic Club)”.(Memorias de aquel tiempo...; obra citada).
El prolongado conflicto entre el gobierno y los docentes hizo que las clases recién pudieran comenzar más de treinta días después de la fecha establecida en el calendario escolar.
En esos dos últimos años de estudiante secundario, ya bastante recuperado anímicamente del rotundo fracaso de conquistar el corazón de Miriam, volví a insistir en la búsqueda del amor de un par de compañeras. Pero mientras varios de mis amigos ya se mostraban junto a sus novias, dentro y fuera de la escuela, yo terminé el secundario sin saber que era eso del "noviazgo".

1989. Año complicado en la historia de nuestro país y crucial en la vida de un grupo de alumnos del Piedrabuena de San Francisco Solano. Finalmente mis compañeros y yo llegábamos a 5to 1ra, 
el último año de la secundaria, del que egresaríamos con el título de Bachiller Contable.
Lamentablemente, al inicio de ese año tuvimos importantes pérdidas de compañeros que ya no estarían con nosotros, porque habían repetido el año, o se habían cambiado de colegio o, incluso, como en el caso de Fita, se habían cambiado a la otra especialidad  que enseñaba la escuela: Bachiller Pedagógico. 
Los compañeros que no fueron parte del 5to 1ra de 1989 fueron Leo, Pedro, Gabriel, Julio, "Lola" Esquivel, González y el ya mencionado "Fita".
Como las actividades de Educación Fisíca las hacíamos junto con los varones de 4to 1ra se fue dando un vínculo especial entre varios de ellos y mis compañeros de curso. De tal modo que, mi hermano Rubén, mi primo Walter y sus compañeros Roberto y Claudio "pingüino" Carranza, pasaban más tiempo con nosotros que con sus propios compañeros.
Más curioso aún fue que Eduardo, el "Polaco", un vecino de Oscar y Ariel Lujan, hermano de Iris, la novia de "H", también fueran parte de nuestro grupo, aún siendo ellos dos compañeros entre sí y más chicos que nosotros.
En los cinco años de mi escolaridad secundaria sólo me llevé 3 materias. Ninguna de ellas a instancias evaluadoras en el mes de Marzo. Para lograrlo tuve que obtener muy buenas calificaciones, aunque sin tener  10 en todo como podría suponer quien se entera que fui el abanderado del colegio en varias oportunidades.
Al igual que en el séptimo grado de 1984, en el quinto año de 1989 se decidió por votación de los alumnos quienes serían el abanderado y sus escoltas. Si el criterio para elegirlos se basaba estrictamente en el rendimiento escolar está claro que ese no fue el único que tuvieron en cuenta mis compañeros al momento de votar por quien debía ser el abanderado del curso. 
Es cierto que siempre tuve cierta "facilidad" para el estudio. Pero también fui un alumno que se preocupaba por mejorar sus mini resúmenes o "machetes", alguien que obtuvo muchas veces pésimas calificaciones o también alguien que fue sorprendido copiándose. Esto sin duda contribuyó a que buena parte de mis compañeros no me considerasen un "sabelotodo" o un "tragalibros". Lo cierto es que ese día de la votación, por una mínima ventaja de uno o dos votos, fui elegido el abanderado. 
Ser el encargado de sostener la bandera nacional en los actos escolares representaba para mí un gran orgullo. Y curiosamente también lo era para el grupo de compañeros varones. Así me lo hicieron saber cuando evitaron que yo me presentara junto con ellos en la Dirección del colegio para dar explicaciones de porqué habían estado tomando vino en el baño de la institución escolar:
"Después, en la hora de matemáticas llegó Abril y se dirigió a los varones del curso: preguntó quienes querían ir (a la Dirección) a hablar en especial del asunto. Yo iba a ir (llegué a levantarme de mi silla) pero Oscar me dijo que me quedara. 
Fueron Marcelo. Gustavo, Manolo, Pacha, Oscar y Adrián. Luego me enteré que sólo les habían hecho jurar que lo ocurrido no volvería a pasar. Marcelo, Adrián, Oscar y Gustavo me dieron a entender que no querían que vaya yo con ellos a la Dirección porque...¿qué iban a pensar? ¡El abanderado es un borracho!. Todos pensaron en mi. ¡Qué grandes amigos tengo!".
(Memorias de aquel tiempo...;obra citada).

En los primeros días de Octubre de 1989 concurrí a las instalaciones del Distrito Militar La Plata para los exámenes de salud previos a la realización del Servicio Militar Obligatorio. Por el número alto que me había tocado en el sorteo realizado ese mismo año era casi seguro que haría "la colimba" en el ejército.
Sin embargo, "casi un año después de aquellas revisiones médicas en La Plata, las autoridades militares sellaron mi DNI certificando que ya no sería llamado para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Era tan escaso el presupuesto militar, por los efectos de la crisis económica, que muy 
pocas personas hicieron la Colimba en esos años. Pocos años después el Servicio Militar Obligatorio dejó de existir.
Una anécdota que vincula esos días que tuve que ir a La Plata con la situación económica del país y de mi familia es que estaba muy delgado, con 50 kg de peso, o quizás un poco más. Y en teoría si pesabas menos de 50kg no podías ser conscripto.
Unos meses después de esos viajes a La Plata finalizaron las clases. Llegaron las fiestas de 
despedida, la entrega de medallas y/o diplomas y el adiós definitivo a una etapa dorada de nuestra adolescencia en San Francisco Solano". (Memorias de aquel tiempo...; obra citada).

9 ago 2021

PARTE UNO. capítulo tres. 1980-1989 . parte B

En esos últimos años de escolaridad primaria hubo varias compañeras de aula que me gustaban, pero el especial sentimiento que me provocaba Silvia fue aumentando en intensidad a medida que el séptimo grado comenzaba a ingresar en su última etapa. 
Y aconteció entonces un viaje de egresados de un día a San Antonio de Areco, "localidad bonaerense ubicada a más de cien kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, conocida por sus famosas celebraciones tradicionalistas, ya que allí nació Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, reconocida obra gauchesca. La zona es atravesada por el río Areco y hay museos y parques temáticos sobre Güiraldes, su obra y la cultura gauchesca en general.(...) Y en el viaje de regreso la última oportunidad de confesar la verdad, sin más rodeos, sin la más mínima idea de que ocurriría cuando esa verdad oculta saliera a la luz.
Y un gran amigo, Adrián, que supo presionar lo suficiente para arrancarme el nombre de esa persona tan especial. Y la buscó, le habló y prácticamente la sentó junto a mi.
Nervios. Adrenalina. Vértigo. La verdad revelada, titubeante, ¡pero revelada al fin!
Y sus ojos iluminados en su carita, escudriñando mi rostro, mis reacciones, "tratándome suavemente", buscando amortiguar el golpe de su respuesta, dura, definitiva, lapidaria.
Mi primer amor no correspondido que iniciaría un sendero de varios fracasos amorosos por venir".(Memorias de aquel tiempo adolescente en San Francisco Solano; obra citada).

Al finalizar el ciclo lectivo del año 1984 se realizó la ceremonia de entrega de diplomas y medallas a los alumnos que culminaban el séptimo grado. Yo estaba en la escolta de la bandera nacional. En algunos actos escolares me tocó ser el abanderado porque nos repartíamos ese honor entre los mejores alumnos de los distintos séptimo grado. La chica que sostenía la bandera aquel último acto del 84 creo que se llamaba Lorena Tau, o algo así,  y la volveré a ver al año siguiente siendo mi compañera en el primer año de la escuela secundaria. Ya no recuerdo si repitió ese año, o si abandonó o se cambió de escuela, porque en segundo año ya no fue mi compañera. 
En definitiva, a ella le correspondió traspasar la bandera nacional al abanderado de sexto grado, quien sería el encargado de sostenerla, si continuaba siendo el mejor alumno del grado, el año siguiente. Y ese nuevo abanderado fue mi hermano Rubén. 
Volviendo entonces a la entrega de medallas, luego que todo séptimo grado "A" recibió  su medalla de egresados se procedió a cumplir con la tradición de entregar las medallas de mejor alumno y mejor compañero. Yo había sido elegido merecedor de ambas medallas por el voto de mis maestras y mis compañeros. Pero las gratificaciones de ese día no terminaron ahí. También había sido elegido para escribir y leer un discurso alusivo a fecha tan especial. 
"Lamentablemente el contenido de aquel discurso que di al egresar se perdió. Pero tengo casi la extraña impresión que el mismo procuraba un delicado equilibrio entre dos fuerzas en pugna: por un lado la enorme alegría de terminar un ciclo que nos abría el camino hacia nuevos horizontes. Y por otro lado una rara sensación de tristeza por dejar atrás tantas vivencias con maravillosas docentes y extraordinarias amistades".(Memorias de aquel tiempo...; obra citada).

Ese último año de mi escolaridad primaria fue el único que pude realizar bajo un sistema de gobierno democrático. 
El fracaso militar en la guerra por las Islas Malvinas, sumado al creciente descontento de la población por la grave situación socioeconómica determinaron la realización de elecciones como primer paso formal para el restablecimiento de la Democracia. Las mismas se llevaron a cabo el 30 de Octubre de 1983 y resultó elegido presidente de la nación el candidato por la Unión Cívica Radical, el abogado oriundo de Chascomus, Raúl Ricardo Alfonsín.
Mis padres, desde que tengo uso de la razón, siempre fueron peronistas. El triunfo de los radicales no les cayó nada bien. Por la herencia recibida, lo que he llamado en alguna reflexión escrita "lealtad a la tradición política-familiar", y por mi propia experiencia, también he sido peronista gran parte de mi vida.

Un hermoso recuerdo, que bien podría ser de fines de los 70 o primeros años 80, es el que nos muestra, a mis hermanos y a mi, junto a nuestros padres sentados en el patio delantero, haciendo una pausa del juego/entrenamiento con la pelota, disfrutando de un tibio sol otoñal mientras saboreamos los maníes recién comprados por mi viejo a un hombre que anda por las calles de tierra del barrio con un carrito con forma de locomotora. Su clásico silbato sonando a la distancia, en mi memoria, es una invitación a trasladarse a uno de esos magníficos momentos de la infancia vivida.
A medida que fuimos creciendo, especialmente en la segunda mitad de los años ochenta, comenzamos a quebrantar la orden de no salir a la calle y nos empezamos a relacionar con algunos pibes de la cuadra donde vivíamos o de cuadras cercanas, como ser el caso de Javier Solis, que vivía en la esquina de las calles 854 y 892 o los chicos que eran  los dueños del ovejero alemán que un par de veces se trenzó en salvaje pelea con Bobi, nuestro perro mestizo, mucho más pequeño que su rival. 
Esa "ruptura" o distancia que se aprecia en los vínculos con nuestros padres a partir de la segunda mitad de la década del 80 tiene una estrecha relación con la adolescencia que comienza a manifestarse, primero en mi por ser el mayor y luego en Rubén, a través de una mayor independencia y de ciertas actitudes rebeldes, propias de la edad.
Eso fue así porque en el año 1985 comienza mi etapa de escolaridad secundaria. Al año siguiente será el turno de Rubén.
Durante cinco años asistiré, siempre en el turno mañana (salvo a las clases de taller y a las de educación física, a las cuales asisto por la tarde), a la "Escuela de Educación Media n°2 Don Luis Piedrabuena" de San Francisco Solano.
Iniciar esa etapa de mi vida implicó encarar nuevos desafíos, aprendizajes y adaptaciones. No sólo se trataba de tener muchas más materias escolares que en la primaria, con sus correspondientes docentes. Comencé el primer año de la secundaria con nuevos compañeros que no conocía. Solo dos compañeros varones de séptimo grado también estaban en el turno mañana del Piedrabuena, pero recién volveríamos a ser compañeros de aula en tercer año(Alfieri) y en cuarto año(Lombardo).
Mucho de lo relacionado a mis amistades, mis fracasos amorosos y los vínculos con mis padres y hermanos, además de un panorama de la situación política, económica y social en aquellos años de estudiante secundario aparece detallado en mi libro Memorias de Aquel Tiempo Adolescente en San Francisco Solano (1982-1989).
Trataré aquí de mencionar algunos aspectos centrales de esos años que no pueden dejar de ser mencionados, valorados y/o reinterpretados.
Los años de la adolescencia son cruciales en los procesos físicos, cognitivos y emocionales que terminarán por delinear la personalidad madura de un adulto.
En lo que a mi respecta debo decir que mi adolescencia transcurrió dentro de una familia que muchas veces pareció un barco en altamar, azotado por olas y tormentas que pretendían hundirlo, pero que, finalmente, llegó a buen puerto.
Fueron años duros en lo económico. La fábrica donde trabajaba mi papá a pesar de cambiar varias veces de dueños comenzó a experimentar altibajos en su producción, con picos descendentes que cada vez se hacía mucho más difícil remontar. Esa situación precaria e inestable provocó que mi mamá tuviera que salir a trabajar en casas de familia de la capital federal o del conurbano bonaerense. 
Pero hubo otra gran cuestión que progresivamente fue desgastando la relación entre mis padres, en primer término,  y luego, en las décadas siguientes, entre mi padre y algunos de sus hijos. Es lo que he dado en llamar el "demonio" que perseguía y hostigaba a mi viejo: el consumo desmedido de bebidas alcohólicas, preferentemente vino.
Según anécdotas que llegaron a mi por las investigaciones realizadas para redactar la historia familiar mi viejo luchaba con ese demonio desde su juventud. Hubo períodos que lo tuvo bajo control. Pero también muchas etapas donde perdió la batalla.

En 1985 aún sobrevivían en el ánimo de la sociedad argentina importantes niveles de esperanza y euforia nacidas con lo que se dio en llamar "la primavera alfonsinista". Esto no era otra cosa que el surgimiento de renovados sentimientos democráticos por las expectativas que generaba un presidente elegido por el voto popular que sostenía, firmemente convencido, que "con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa", es decir que por el solo hecho de existir la democracia solucionaría los graves problemas heredados y las grandes cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales.
Si bien nuestra casa no experimentó en esos años muchos más cambios edilicios, de los ya mencionados, hay que destacar que mis padres pudieron cambiar el viejo alambrado que daba a la calle por unas rejas altas, uno de los "sueños" de mi madre. Además pudieron renovar muebles y electrodomésticos, como ser las camas encimadas, la cocina o el televisor: el viejo Panasonic, blanco y negro, fue reemplazado por un Telefunken a color, ¡toda un Revolución tecnológica y cultural!

"La amistad es, seguramente, junto con el amor, uno de los sentimientos que más impacta en todo adolescente. La existencia, en nuestro tiempo de estudiante, giran en torbellino permanente, teniendo a la amistad y el amor como ejes principales, a veces absolutos. 
Entre aquellos compañeros, que luego veremos, se irían perfilando algunas amistades resistentes al paso del tiempo" (Memorias de aquel tiempo adolescente ...; obra citada).
Dentro de los compañeros de aquella división de 1ro 12, en 1985, se destacarán los que más años compartimos vivencias, dentro y fuera de la escuela: Gustavo Tupone, Miguel Ángel Cáceres, Elvio Giménez, Carlos Benítez y Raúl Gallardo. Algunos vivían en Solano, otros en Claypole o en La Florida.
En lo que respecta al personal docente hubo varias profesoras y otros tantos profesores que tuve durante varios años, como ser el caso de Leonor Vernazca, profesora de Lengua y Literatura que al poco tiempo fue designada Directora de la escuela, Daniel Unchalo, profesor de Contabilidad, Mecanografía y Estenografía, sin duda uno de los docentes más apreciados, por su carisma y "buena onda" con los alumnos, pero a la vez exigente  y de esos docentes que aconsejan y te dan un panorama "realista" de lo que ocurre en la vida diaria.
Muchos años más tarde, después de su fallecimiento, supe que había sido compañero de aula, en los últimos años de la segunda promoción del colegio, de mi tío Alberto "Tito" Díaz y muy amigo de mi tía Eva (de la primera promoción) y de mi tío Luis Díaz, a quienes les vendió su casa en La Florida en los primeros años de la década del ochenta.
Nélida Colatruglio, en Contabilidad e Italiano, también fue una profesora muy querida. Una de mis compañeras, Gabriela Colatruglio, era su sobrina. Lamentablemente también falleció no hace mucho tiempo atrás.
Las hermanas Lata Sánchez, Crava, Fath, Peza, Pediconi, Levoratti y muchos más también fueron docentes amados, temidos y admirados por tantos años de carrera en la institución. Fueron pieza clave en mi formación como alumno y como persona en esa etapa de la adolescencia.
En 1986 con la fusión de los sobrevivientes de dos primeros años de 1985 se crea el 2do 6ta. La incorporación de tres nuevos compañeros: José Luis Moyano, Sergio "Pacha" Rodríguez y Roberto "Lola" Esquivel será fundamental para incrementar el grupo de amigos donde buscaré refugio y compañía cuando sea necesario sobrellevar los fracasos y sinsabores de mis amores no correspondidos o de los conflictos en el seno familiar.

"La obtención de la Copa Mundial de Fútbol en México ’86 fue sin duda una de las mayores alegrías de la década y, como suele ocurrir en nuestro país, para muchos fue un logro que trascendió lo meramente deportivo para convertirse casi en una victoria del ser nacional, donde incluso el triunfo de nuestra selección de fútbol sobre la de Inglaterra, con aquellos dos goles memorables de Maradona, representaron una revancha por la derrota militar en Malvinas".(Memorias de aquel...; obra citada)

La incorporación más relevante a la división de 3ro 4ta, en 1987, será la de Gabriel Alfieri, quien ya ha sido mencionado como uno de los compañeros más inteligentes que tuve en los últimos años de la escuela primaria. Un buen pibe, sencillo, tan o más tímido de lo que yo era, de condición económica muy humilde, lo que seguramente permitió establecer entre nosotros una sincera amistad, aún teniendo bien presente que así como en séptimo grado fue el único que podía disputarme el honor de ser el abanderado, en el último año de la secundaria también pasaría lo mismo. 

Durante varias etapas de mi vida me preocupé por llevar adelante una especie de diario personal. El proyecto qué más tiempo se mantuvo con cierta constancia fue el que escribí entre mediados de 1987 y casi finales de 1989. Puede decirse que esa iniciativa, junto a la de registrar en unas hojas de carpeta los nombres de todas las compañeras y de todos los compañeros que tuve en mis cinco años de estudiante secundario, son un fuerte indicio que ya comenzaba a tener la actitud y el razonamiento de alguien interesado en el saber histórico. 
De los datos registrados en ese diario, con la simpleza y la crudeza que emana de lo escrito cotidianamente, casi sin filtros, van surgiendo frustraciones, miserias, contradicciones y conflictos personales, familiares y sociales. Pero, claro está, también es posible hallar bondad, amor, lealtad y esperanza en los profundos lazos de parentesco con los familiares y de "hermandad" entre el grupo de amigos. 

Por ese entonces los gobiernos democráticos tenían una duración de 6 años.
Sin embargo, 1987 señala el inicio del fin del gobierno de Raúl Alfonsín.
"Las alegrías y esperanzas de una sociedad que había comenzado a movilizarse activamente a través de la entusiasta participación política y cultural que impulsó la "primavera alfonsinista" comenzaron a mutar a medida que la coyuntura política, económica y social se imponía con frialdad y crudeza. 
En efecto, será a partir de 1987 que se hace cada vez más notorio un deterioro de los índices económicos y sociales, a la vez que se advierte la 
impotencia del gobierno de Alfonsín para recuperar la iniciativa y resolver los acuciantes problemas que la realidad impone.
Es cierto que el gobierno debió enfrentar reclamos y presiones de diversos sectores agrupados en corporaciones, tales como cámaras empresarias, sindicatos y militares, o incluso ciertos sectores eclesiásticos, que fueron debilitando con 
su accionar la autoridad presidencial ante el conjunto de la sociedad".(Memorias de aquel...; obra citada).
Si bien hubo importantes logros en los primeros años de la gestión radical, como ser la creación de la CONADEP, que brindó contundentes pruebas de las atrocidades cometidas por los militares durante la última dictadura, y el Juicio a Las Juntas Militares, no pareció haber un programa coherente de gobierno que se alejara del mero voluntarismo. Ciertas claudicaciones referidas a los derechos humanos , los desaciertos en materia de política económica y la torpeza política para encarar determinadas reformas estructurales derivaron en los levantamientos o sublevaciones de algunos sectores militares, la gran cantidad de paros nacionales organizados por la CGT y los saqueos a comercios, junto al incremento de las protestas sociales por una hiperinflación descontrolada y una actividad económica en caída libre, aceleraron la entrega anticipada del poder presidencial a manos del peronista Carlos Saúl Menem.

7 ago 2021

PARTE UNO. Capítulo Dos. 1980-1989, parte A


El período que transcurre entre los años 1980 y 1989 estuvo marcado por profundos cambios, a veces abruptos y otras veces no tan sencillos  de advertir, tanto en lo personal como a nivel nacional. 
Tales transformaciones afectaron aspectos físicos, emocionales y cognitivos de mi persona: dejé la niñez atrás para convertirme en un adolescente. 
Por otro lado, la sociedad argentina vivió esperanzadoras y traumáticas experiencias políticas, económicas y culturales que marcaron a fuego ese tiempo histórico. 
La Dictadura Militar recorría su quinto año en el Poder y comenzaba a notarse un fuerte desgaste del régimen frente a la sociedad por las nefastas consecuencias políticas, económicas y sociales de un "Proceso de Reorganización Nacional" que nunca fue nacional ni popular. Todo lo contrario. 
El plan económico implementado se ajustaba a los lineamientos que el Poder corporativo y globalizado buscaba imponer por intermedio del neoliberalismo a las naciones dependientes y tercermundistas.
La destrucción de la industria manufacturera, que tenía el doble objetivo de beneficiar a las industrias de exportación primaria (carnes y granos) y el debilitamiento de las organizaciones sindicales, en su gran mayoría leales al peronismo, sumado al astronómico crecimiento de la deuda externa, fueron pilares fundamentales para revitalizar un modelo de dominación política y económica que el liberalismo vernáculo siempre pretendió implementar en nuestro país. 
Los militares y sus socios civiles idearon los mecanismos necesarios para beneficiar los intereses estratégicos y especulativos de las empresas multinacionales, de los sectores financieros y de los organismos internacionales de crédito. Con ello se aseguraron el apoyo de los Estados Unidos para la incorporación de la Argentina al Plan Cóndor, estrategia militarista continental para enfrentar lo que consideraban la mayor amenaza de Occidente: la filtración marxista , que en el caso argentino, representaba "la subversión apátrida del enemigo interno".

Nuestra vivienda, entre fines de los años setenta y principios de la década del ochenta, había experimentado un gran cambio con la construcción de dos piezas de ladrillos comunes. El techo de ambas fue realizado con chapas de zinc. Si bien las dos primeras piezas continuaron siendo de madera paulatinamente se fueron reemplazando sus chapas de cartón por las de zinc.
Un cambio fundamental fue la construcción de un baño, que si bien siguió estando por fuera de la casa ahora estaba pegado a una de la piezas de la casilla y no aislado en el fondo del terreno. 
Entre la casa y el fondo existía un amplio espacio donde había plantas de naranjas, pomelos, mandarinas, duraznos, granadas, limones e higos. Mi mamá, durante algunos años,  también tuvo allí su pequeña huerta cuyos frutos le permitía hacer un pequeño ahorro al momento de preparar las comidas de la familia. Una planta de Mora, pegada casi al baño del fondo, se convirtió casi en un árbol y allí solíamos trepar para jugar entre hermanos. 
Juegos y travesuras que compartí con ellos casi con exclusividad ya que no tuvimos muchos amigos en el barrio con quienes divertirnos, por lo menos cuando fuimos más chicos. Entre las travesuras que más recuerdo puedo nombrar cuando rompimos de un pelotazo los vidrios de una ventana que daba al patio o cuando, creo que por jugar a las escondidas, nos metimos a un enorme tanque de cemento que estaba apoyado sobre unos pocos ladrillos y lo terminamos desfondado.
Más de una vez rompimos cosas o rayamos muebles de la casa. Sabíamos que íbamos a ser regañados y/o castigados por nuestros padres y por alguna razón temíamos mucho más el reto y castigo de nuestra madre que el de mi padre. Y eso que en ciertas ocasiones, dependiendo de lo grave del asunto, mi papá utilizó su cinto para castigarnos. Yo creo que tomar esa decisión la consideraba apropiada para corregir nuestros comportamientos, pero también estoy seguro que le dolía mucho tener que hacerlo, porque al rato nos hablaba con gran pena en su ser, ¡casi como pidiéndonos perdón!
Mi maestra de tercer grado, en 1980, creo que se llamaba Norma (curiosamente tuve varias maestras con ese nombre). No sé porqué no tengo fotos con ella y con el grupo de mis compañeros de ese tercer grado. La recuerdo como una señorita joven, de pelo corto y de anteojos. Muy buena, que nos hacía jugar en el patio central de la escuela. Nuestra aula tenía una ventana que daba a la Av.844 y estaba a escasos metros de la entrada principal a la escuela. 
Al año siguiente, junto con Rubén, comenzamos nuestro primer año de Catequesis, cuyas clases se daban en las aulas de la Escuela secundaria Don Luis Piedrabuena, es decir,  en el edificio ubicado en la manzana que estaba frente a la escuela n°32. Asistíamos a clases los sábados por la tarde y los domingos a la mañana concurríamos a misa. 
Ingresar al Piedrabuena, recorrer sus pasillos y entrar a sus aulas fueron una experiencia novedosa, anticipatoria en 4 años a lo que sería mi asistencia posterior a la escuela secundaria. 
En 1982 hicimos el segundo año de catecismo y finalmente en Diciembre de ese año recibimos el Sacramento de la Comunión en la principal iglesia de San Francisco Solano, ubicada en la Av.844 entre las calles 892 y 893.
Mientras cursaba el 4to grado de la escuela primaria, en 1981, un rara sensación, un extraño sentimiento se apoderó de mi. Comencé a poner mi atención en una niña que seguramente ya la había visto pasar por frente de mi casa, ya que también vivía con sus padres y hnos sobre la calle 854, entre las calles 892 y 891; es decir que vivía a una cuadra de mi casa. Pero el momento que percibí con mayor intensidad su presencia fue un día de acto escolar, que se realizaban en el mismo día oficial de la celebración o conmemoración, sin importar que el día fuese feriado. 
Y aquellos actos escolares  reunía a todos los alumnos y a todo el personal docente de ambos turnos en el inmenso patio de la escuela n°32. Fue entonces que supe que mi vecina asistía al turno tarde. 
Y lo que sucedió al año siguiente son de esos sucesos que te sorprenden gratamente por el misterio que pareciera haber en las vueltas de la vida; en definitiva, en el destino: Silvia K, tal el nombre de esa niña que comenzó por entonces a ser adolescente, se había cambiado al turno mañana y pasó a ser una de mis nuevas compañeras de 5to grado.

Por esos primeros años de la década del ochenta mis padres me permiten ir a realizar tareas escolares en casas de compañeros que vivían cerca, como ser el caso de un chico de nombre Cristián Ibarra, que vivía en la calle 855 entre las calles 892 y 891. A medida que avanza mi trayectoria de escolaridad primaria ya conoceré las casas de otros compañeros, algunos de los cuales se transforman en los mejores amigos por tantos años de compartir las vivencias  escolares: Pablo Vázquez, Gabriel Montanelli y Adrián Orlando Lombardo.

Como consecuencia de la prolongada guerra fría entre Los Estados Unidos y la Unión Soviética los norteamericanos entrenan y asesoran a personal militar de varios países del continente americano para impedir que el comunismo penetre en Occidente. 
Ya desde los inicios del Proceso de Reorganización nacional los militares se dedicaron a reprimir y exterminar al "enemigo interno". Para ello recurrieron al Terrorismo de Estado para secuestrar, encarcelar, torturar y asesinar a quienes integraban  las organizaciones de las guerrillas urbanas. 
Sin embargo, debe quedar claro  que el objetivo de aniquilar la subversión fue la gran excusa para despejar del camino todo obstáculo que interfiriera en el más amplio y profundo proyecto de transformar totalmente la organización política, económica y social del país.
En efecto, en los primeros años de la Dictadura militar ya se había logrado el propósito de desmantelar a las organizaciones guerrilleras. Pero el terrorismo de Estado continuó vigente y sus principales víctimas fueron militantes estudiantiles y juveniles, profesionales, opositores políticos y eclesiásticos comprometidos socialmente y, sobre todo, el sindicalismo de base, muchas veces delatados por los sectores patronales cómplices del régimen militar o por los sindicalistas "dialoguistas" , que sacaron provecho de la represión ultraderechista del Estado para eliminar a los representantes obreros del peronismo combativo o aquellos con ideologías de izquierda.
Ya desde los primeros años de la década del ochenta la situación socioeconómica de la amplia mayoría de la población comenzó a generar movimientos de resistencia política y sindical frente a la política económica de Martínez de Hoz y demás economistas liberales. El paro general declarado por la CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini, el 30 de marzo de 1982, con miles de manifestantes en la Plaza de mayo, fue duramente reprimido.
Curiosamente, pocos días después, el 2 de abril, miles de manifestantes volvieron a ocupar la plaza, solo que ahora  para expresar apoyo al gobierno militar frente a la amenaza del gobierno inglés de recobrar por la fuerza las Malvinas, de nuevo bajo nuestra soberanía por la acción de fuerzas armadas argentinas que desalojaron al pirata inglés del territorio malvinense.
Por cuestiones históricas y geográficas las Islas Malvinas son Argentinas y nuestros reclamos de soberanía sobre ellas se remontan al siglo XIX cuando quedó bajo dominación  británica. 
Ante la pérdida de legitimidad frente a la sociedad Argentina los altos mandos militares idearon y planificaron la recuperación de las Malvinas como jugada maestra para continuar en el poder. Levantar la bandera de tan sensible causa nacional debía generar un amplio e inquebrantable apoyo popular. Y entre los supuestos manejados por los estrategas militares estaba la idea que los Estados Unidos, como forma de corresponder al gobierno militar argentino por su colaboración en la lucha contra la "filtración marxista", intervendría a nuestro favor en la disputa con el Reino Unido. ¡Grosero error geopolítico! Los norteamericanos, como era de esperar entre "primos imperialistas" apoyaron a los ingleses,  sus aliados históricos. 

"A partir de los Juicios a las Juntas Militares, producido en los primeros años del gobierno de Alfonsín, buena parte de la sociedad comenzó a tomar conciencia de las atrocidades cometidas en el último periodo militar.
Por la ignorancia y la inocencia propia de la niñez y primeros años de adolescencia, sumado a la opresión de la censura y la represión ejercidas por un régimen antidemocrático, vivimos, bien o mal, sin una clara y objetiva conciencia de la realidad nacional, esto es, sin grandes preocupaciones o sobresaltos por la situación política o socioeconómica que desde el inicio de la década comenzó a ser cada vez más preocupante.
De igual manera, no puedo afirmar que la causa Malvinas haya tenido gran impacto en aquellos chicos de 10 años de edad, los de mi generación, cómo sí pudo tenerlo en otras generaciones de argentinos, más allá de la exaltación de la vena nacionalista puesta en evidencia con la recuperación de las Islas Malvinas y la inmediata guerra con Gran Bretaña, causa nacional que los militares pretendieron usufructuar para legitimarse en el poder, aún conscientes que su estrategia bélica y las fuerzas armadas enviadas no eran las adecuadas para enfrentar y resistir el poderío de una de las mayores potencias militares del planeta". (Díaz, Carlos Eduardo; Memorias de aquel tiempo adolescente en San Francisco Solano; Ediciones Encontrarnos; páginas 22 y 22).

Mi maestra de 4to grado se llamaba Norma y su apellido eran Erbrat o algo así. Fue una de las maestras más lindas y buenas que tuve en la escuela primaria. 
La maestra de 5to grado también se llamaba Norma y su apellido era Paiva. Pero ya era más seria y exigente con sus alumnos. ¿Será que a medida que crecíamos nos correspondían maestras más duras y con más experiencia docente con alumnos que empezaban lentamente su ingreso a la adolescencia? 
En mi libro Memorias de aquel tiempo adolescente en San Francisco Solano relato con mayores detalles un episodio de rebeldía escolar que derivó en la intervención de mi madre.  Finalmente aquel comportamiento díscolo fue solo una excepcionalidad, marginal si se quiere(¿para llamar la atención de mis padres o como consecuencia de los sentimientos que me provocaba mi compañera Silvia K?) en todos mis años de escolaridad primaria, porque a decir verdad, por ser un chico bastante tímido y tranquilo, además de comprometido con las tareas escolares, me permitió ser uno de los alumnos "mimados" por la mayor parte de las maestras. 
Tal fue el caso de la maestra Elizabeth Castro que siempre pareció tener una debilidad por mí, como si necesitara protegerme de ciertas amenazas. Ella fue la maestra titular de 6to grado "A", mientras que la señorita Graciela Albornoz fue la segunda maestra.
Ya en 7mo grado "A" la señorita Elizabeth fue la segunda maestra ya que la titular fue Graciela Legnani.
El gran cambio que vivimos como alumnos de la escuela n°32 fue sin duda tener que mudarnos, a partir de 1983, a la escuela vecina, la n°53 "Almafuerte", mi primera escuela durante un breve tiempo en 1978. Las causas que originó tal movimiento escolar fue la demolición de las edificaciones de la escuela n°32 para la construcción de un enorme y moderno edificio escolar, el cual demandó más de dos años de trabajos para poder inaugurarlo.
A pesar del traslado de las aulas de madera de la escuela n°32 al fondo de su escuela vecina y de la utilización de unas aulas "metálicas" que pertenecían a la escuela n°53 debió implementarse un sistema de tres turnos de 3 hs cada uno. El turno mañana, entre las 8 y las 11hs, el turno intermedio, entre las 11 y las 14hs y finalmente el turno tarde, entre las 14 y las 17 hs. Rubén y yo continuamos asistiendo a clases en el turno mañana pero mis hnos menores debieron concurrir en los otros turnos.
En aquellos últimos años de escuela primaria las evidencias de los cambios físicos y anímicos propios de la adolescencia comenzaron a manifestarse con mayor intensidad. El impulso de salir a la calle, independizarse del núcleo familiar y conocer la realidad "en carne propia" necesariamente formaban parte de nuestro crecimiento personal. Por eso los "asaltos" se hicieron más frecuentes. Algunos en casa de Susana López, otros en lo de Marisol González y otros también en lo de Laura Severino, eran encuentros con las compañeras y compañeros del grado, donde generalmente los varones llevaban las bebidas y las chicas lo que pudiesen aportar para "hincar el diente": bizcochuelos, facturas, empanadas, etc. Sin duda esas reuniones entre pares servía para socializar de manera más distendida, sin la rigidez derivada de las pautas y normas escolares, que ciertamente procuran la instrucción pero también el control del alumnado.
Yo, que siempre fui muy tímido, recuerdo con nitidez, que más de una vez me destaqué bailando en esas especies de competencia que hacíamos en los "asaltos". No sé porqué ocurría pero la música pop de esos años, especialmente la de Michel Jackson, Madonna o Cyndi Lauper, me movilizaban de una manera especial, quizás porque en casa no era frecuente escucharla , más que nada porque mis padres consumían otros estilos musicales y además aún no teníamos donde escuchar radios FM. O quizás fue la mejor estrategia que encontré para hacerle notar mi existencia a esa compañera que tanto me gustaba.
Lo cierto es que pocas veces me mostré tan despreocupado por las miradas y comentarios de los demás como en esos inolvidables "asaltos" que se terminaban apenas comenzaba a ocultarse el sol. Recién volveré a bailar en la fiesta de los 15 años de Spadano, en 1987, de manera breve y tímida,  aunque una compañera opinó que lo hacía bastante bien.
Aquella revolución de hormonas que comenzaba a delinear nuestro cuerpo, nuestra mentalidad y nuestra  Alma debía necesariamente verse reflejada en la manera de relacionarse con los amigos y con esas personas por las que sentíamos una atracción especial, basada en el amor, o lo que nosotros creíamos que era amor. Y el juego de la botellita era una clara muestra del interés por descubrir y explorar nuevas maneras de acercarse a la persona que nos atraía. Personalmente nunca me tocó el turno de besar a la chica que me gustaba pero el solo hecho de participar ya representaba una perspectiva curiosa y audaz. 

Continúa....

5 ago 2021

PARTE UNO.Capítulo Uno: 1970-1979

En la Argentina, durante los años setenta, solo vivimos en democracia entre los años 1973 y 1976. Los militares, con Juan Carlos Onganía como presidente de facto, venían gobernando desde el año 1966, luego de haber derrocado al gobierno democrático de Arturo Illia .
En realidad los golpes militares en nuestro país se iniciaron en 1930 cuando fue desalojado de la Casa de Gobierno el presidente Hipólito Irigoyen. 
Pero lo novedoso con respecto a los golpes militares acontecidos a partir de 1955 fue, además de las ya conocidas ideologías liberal y proimperialista, su sesgo netamente antipopular y antiperonista, derrocando a los gobiernos elegidos por el voto de la ciudadanía como lo fueron los de Perón, Frondizi e Illia o a través de los autogolpes, dónde ciertos dictadores eran reemplazados por otros por haber perdido el apoyo de los sectores que daban sustento a su autoridad. 
Onganía será el primer presidente de facto de la "Revolución Argentina". Sus intenciones de permanecer por tiempo indefinido en el gobierno se verán seriamente afectadas por las consecuencias derivadas del Cordobazo y del asesinato del General Aramburu a manos de la agrupación Montoneros. Estos sucesos son una contundente muestra de lo convulsionados que fueron aquellos años por el incremento de la protesta y la militancia social y política de estudiantes, obreros y distintas agrupaciones civiles como así también la violencia social y política de organizaciones dispuestas a enfrentar con las armas la represión y coerción de las fuerzas militares argentinas. 
Onganía será reemplazado por Levingston, un militar casi desconocido para la sociedad argentina, quien pretende profundizar la "Revolución Argentina " , a pesar de no ser esas las instrucciones de los altos mandos militares que lo han instalado en la Casa de Gobierno desde junio de 1970. Nueve meses más tarde será destituido por un autogolpe de Estado, en marzo de 1971, siendo el general Alejandro Agustín Lanusse el designado para encabezar la nueva etapa golpista. 

El 5 de noviembre de ese año, 1971, es el día de mi nacimiento en el hospital Fernández de la Capital Federal . Mis padres, Juan Carlos Díaz (Pocho) y Bernarda Martínez (Berna) viven en San Francisco Solano, una localidad perteneciente al Partido de Quilmes, en el sur del conurbano bonaerense; pero llegado el momento del nacimiento de sus hijos decidirán que acontezca en hospitales públicos porteños. 
El día 3 de Mayo de 1973 nace mi hno Rubén Leonardo Díaz, también en el hospital Fernández. El día 27 de Julio de 1975, en el hospital Rivadavia, nace un nuevo hermano, Jorge Alejandro Díaz y el día 3 de Mayo de 1977 nace el último de mis hermanos, Javier Martín Díaz, nuevamente en el hospital Fernández. 
Durante los primeros años de la década mis padres, mi hermano Rubén y yo vivimos en algunas casas de parientes, como ser las de mi tío Luis (Lucho), hermano de mi papá o en la casa de mi tía Julia, hermana de mi mamá. 
En 1973 mi papá consigue trabajo en Fernández y Campo, una fábrica en el barrio porteño de Barracas, donde se elabora cartón corrugado. El 25 de Febrero de 1974 nos instalamos en el terreno que mis padres compran en cuotas a la empresa loteadora Tulsa S.A., ubicado en la calle 854, entre las calles 893 y 892. La casilla que será nuestra primera vivienda había pertenecido a mi abuela Juana Torino y hasta entonces se encontraba instalada en el terreno de Luis Díaz, en la calle 892, entre las calles 847 y 848. Mi abuela Juana había fallecido el 3 de julio de 1972. Su hijo mayor, Salvador, quien ya vivía con su madre en la casilla, continuará viviendo un tiempo más en ella luego de la muerte de su madre. Pero finalmente decide mudarse a la casa de su hna Mercedes ( Mecha) y colabora con gran entusiasmo para reinstalar la humilde vivienda en el terreno de su hno Pocho. 
Aquella acción seguramente fue determinada por su mudanza a lo de Mecha, pero también pudo haber sido una expresión de gratitud hacia mi padre porque éste había facilitado su ingreso a la papelera de Barracas. 
La existencia se muestra en tan breve tiempo con sus extremos de dolor y regocijo, de esperanza y de incertidumbre por los tiempos que viven y por los que vendrán. Así como 1972 y 1975 representaron años de gran dolor para la flia por los fallecimientos de Juana Torino y Salvador Díaz, respectivamente, en los años intermedios a los mencionados se darán los nacimientos de Rubén y Ale, el conseguir un trabajo estable que lo alejó a mi padre de las changas y la desocupación y la mudanza a un terreno propio. 
En 1973 Juan Domingo Perón ha regresado definitivamente al país luego de largos años de exilio. Las maniobras electorales ideadas para impedir su candidatura a presidente no logran impedir un rotundo triunfo del partido Justicialista y sus aliados. Cámpora , un leal "soldado" de Perón, es elegido presidente de la Nación. Desde la década anterior en la sociedad argentina se están desarrollando profundos y turbulentos movimientos sociales, políticos y culturales. Muchas son las causas y no siempre puede vislumbrarse qué consecuencias tendrán. En parte podría considerarse como un enfrentamiento generacional, donde los sectores juveniles, más inclinados a una rápida asimilación de los cambios, parecen encarar una radicalización de sus maneras de vivir la existencia. Naturalmente, han de chocar con la resistencia de los sectores más adultos y conservadores. 
La proscripción del peronismo atraviesa toda la década del sesenta, donde distintas organizaciones juveniles, estudiantiles, políticas y sindicales, y desde posiciones ideológicas enfrentadas, tendrán como prioridad absoluta lograr el regreso del líder. También estarán los sectores "burócratas" del sindicalismo, más proclives a pactar con el poder militar, que pretenden un "peronismo sin Perón". Los militares, con su obsesión de impedir el regreso del peronismo al poder, desarrollarán políticas esencialmente violentas y represivas sobre el conjunto de la sociedad, aunque repercutirán sobre todo en los jóvenes, en los trabajadores y en las clase media-baja. Siendo éstos últimos sectores los que reclaman mayores niveles de libertad, de creatividad y de participación política y ciudadana, fuertemente influenciados por los movimientos de liberación política y cultural que se observan en muchos países, además del triunfo de la Revolución Cubana, donde una pobre y pequeña nación se enfrenta victoriosa al poder imperial de los Estados Unidos y donde además participa activamente nuestro compatriota Ernesto "Ché" Guevara, serán determinante para que una considerable parte de la sociedad experimente la radicalización ideológica hacia tendencias de izquierda; esto es, al socialismo. De allí que muchas agrupaciones consideren viable la opción de la lucha armada contra el poder emanado desde el Estado, encarnado en las autoridades militares. 
El propio Perón, con un sigiloso y arriesgado juego pendular, sabrá sacar provecho del amplio espectro ideológico que atraviesa el movimiento peronista, para desgastar, al régimen militar. Desde el exilio el líder justicialista endulzará los oídos de los sectores más revolucionarios, enalteciendo su accionar como una valiosa estrategia para que el peronismo se constituya en vía natural para lograr un socialismo nacional. Sin embargo, Perón, ya de regreso en el país y con 78 años de edad, tiene otro pensamiento político, económico y social, decididamente alejado de toda revolución socialista y comienza a ver con desagrado que la tendencia de izquierda influya cada vez más sobre Cámpora. Por eso pide la renuncia del presidente y del vicepresidente para allanar su regreso a la Casa de Gobierno. 
Realizada una nueva elección nacional la fórmula Perón-Perón arrasa con más del 63 por ciento de los votos. En octubre de 1973 Juan Domingo Perón asume por tercera vez la máxima magistratura de la nación. Sólo llegará a gobernar hasta mediados del siguiente año. El 1° de Julio de 1974 fallece uno de los mayores líderes políticos del siglo XX. Son días de profunda consternación popular y de gran incertidumbre por los amenazantes nubarrones de conflictividad social y política que cubren una vez más a la Patria.

La casilla que había pertenecido a Juana Torino y su hijo Salvador Díaz, ahora instalada en la mitad de la propiedad de mis padres, contaba con solo dos habitaciones. Sus paredes eran de madera y su techo de un cartón color negro. No recuerdo algún tipo de piso de material en la pieza dormitorio. En la cocina comedor el piso fue de tierra un buen tiempo. Lo recuerdo porque una vez se volcó el contenido de un balde y terminó formando barro. La puerta era también de madera y tenía dos o tres ventanas, no muy grandes, con hierros cruzados que terminaban formando rombos. El baño se encontraba en uno de los rincones, en el fondo del terreno y era una construcción muy precaria, con piso y paredes de maderas. No teníamos inodoro , solo un agujero en el piso de maderas que nos separaban del abismo. 
Cuando nació Alejandro la casa no había cambiado mucho, aunque él era quien mejor dormía porque nadie más le disputaba una porción de espacio dentro de su cuna. 
Algunos recuerdos muy lejanos de aquella vivienda, en esos primeros años que la habitamos, me traen los sonidos del silbato y el pesado andar del ferrocarril pcial que pasaba por la Estación de Solano para ir hasta Avellaneda, La Plata y otras localidades del interior de la pcia de Bs. As. Un transporte público tan importante en la Historia de nuestra localidad y tan significativo para los primeros pobladores y las masas de trabajadores que viajaban en él diariamente merecía un mejor destino que el cierre definitivo de sus servicios de pasajeros sentenciado por la dictadura militar en 1977. 
Y si de ferrocarriles se trata, uno de los recuerdos más perdurables que atesora mi memoria es aquel viaje que mi flia, junto a las de varios de mis tíos, hiciera a fines de Diciembre de 1975 con rumbo a Tucumán porque días más tarde se produciría en Aguilares el casamiento de mis tíos Alberto Antonio Diaz (Tito) y Yolanda Graciela Atencio (Yola). 
Casi un vagón entero ocupó el total de familiares que realizó el viaje y una de las imágenes que conservo con mayor nitidez es que se había preparado todo para que los chicos pudieran dormir en el piso. Otra imagen nocturna ligada al viaje es ya en la casa de mi tía Lidia, luego que su esposo, Miguel Pastorino, nos trasladó en su vehículo desde la terminal de trenes en San Miguel de Tucumán hasta Aguilares. Concretamente recuerdo el alivio de sacarme unos duros zapatos que ya estaban lastimando uno de mis pies. En ese tiempo los niños frecuentaban el uso de zapatos desde muy pequeños. 
Conversando tiempo atrás con mi tío Domingo Antonio (Cacho) surgió el dato que aquel viaje a Tucumán ocurrió al día siguiente del ataque guerrillero a las instalaciones del Regimiento Viejobueno en Monte Chingolo. Recordaba mi tío al respecto que se había preocupado al ver tanto helicóptero y efectivos militares buscando a los subversivos. En ese momento él volvía a su casa en colectivo y si mal no recuerdo ese transporte también fue demorado por los soldados o la policía. Si tenemos en cuenta que ese intento de tomar el control del batallón por parte del ERP comenzó a las 20hs del 23 de Diciembre significa que el viaje en tren a Tucumán ocurrió el 24 de Diciembre. ¿Festejamos la Nochebuena en el trayecto para llegar a Tucumán el día de Navidad? Curiosidades de la historia familiar. 
Otros sonidos también llegan a mi desde aquellos años, ahora acompañados por las imágenes de un disco de vinilo y del tocadiscos que mi viejo había ganado en una rifa realizada en la fábrica. Se trata del disco "Por Siempre" de Palito Ortega, grabado en 1976. Curiosamente ese creo que fue el último disco de Palito que mis padres compraron, aunque en casa había varios de sus primeros long plays grabados en la década del sesenta; la mayoría de esos discos eran de mi mamá, pero mi viejo, siendo tucumano como "El Rey", los consideraba casi como propios y los llevaba para escucharlos en las fiestas donde se reunía la familia, especialmente en las de Navidad y Año Nuevo. 
 Aquel viaje a Tucumán de toda la familia que residía en el conurbano bonaerense, junto a la celebración del casamiento de Tito y Yola y todo el período que permanecimos en Aguilares en Enero de 1976 puede considerarse como la última gran experiencia familiar vivida en democracia. Dos meses después, el 24 de Marzo, el gobierno de Isabel Martínez de Perón llegó a su fin con un nuevo Golpe de Estado por parte de los altos mandos de las fuerzas armadas. 
Como ya se dijo párrafos atrás, Perón, en su tercera presidencia, decidió privilegiar su relación con los sectores más conservadores, con la ortodoxia peronista, considerados burócratas derechistas por sus rivales internos. La JP (Juventud Peronista), de clara orientación izquierdista radicalizó aún más su postura crítica frente al anciano líder y agrupaciones políticas que durante un lapso breve habían optado por la acción democrática ahora retornaban a la clandestinidad para enfrentar tanto a la derecha peronista como a las fuerzas militares, que todavía obedecían a la autoridad presidencial. Estrechamente ligado a esto, aún antes de la muerte de Perón, había comenzado el accionar criminal de la Triple A, organización paraestatal que obedecía directamente a José López Rega, el hombre que mayor influencia ejercía sobre el presidente y su esposa. 
Durante el mandato de Isabel la conflictividad política y social continuó aumentando y el gobierno otorgó a las fuerzas militares mayor capacidad represiva para enfrentar a las organizaciones subversivas. El intento de extraer armamento del Regimiento Viejobueno por parte del ERP y su enfrentamiento con el ejército que mencionamos anteriormente es un claro ejemplo de la grave situación que se estaba viviendo en el país. 
Cuando se produce el golpe de Estado que da inicio a lo que se denominó Proceso de Reorganización Nacional mucha gente se sintió aliviada por la concreción de un hecho que ya se consideraba inevitable. 
Sin embargo, muy pocos argentinos tomaron conciencia, en ese entonces y en los años que siguieron, de las reales dimensiones del daño causado por la dictadura militar, no sólo por las nefastas políticas económicas que afectaron el bienestar social y cultural de millones de argentinos. La represión ejercida en su afán de desarticular las organizaciones guerrilleras y destruir definitivamente al “enemigo interno” alcanzó niveles inéditos de perversidad sobre los derechos humanos a través de un accionar macabro que incluyó, entre otras prácticas, la desaparición, tortura y ejecución de miles de compatriotas. 

Con 6 años de edad, en 1978, inicié mi etapa de escolaridad primaria. Un breve tiempo en la Escuela n° 53, para luego concurrir definitivamente en el turno mañana de la Escuela n°32, ambas vecinas entre sí y ubicadas sobre la calle 844, una de las principales de la ciudad. Aunque, para ser sincero, en esos últimos años de la década del 70, San Francisco Solano aún no había sido declarada Ciudad. Eso ocurrió en el año 1981.
En lo que respecta a nuestra vivienda, comenzó a notarse importantes cambios, sobre todo a partir del año 1977, cuando nació el menor de los hijos de Pocho y Berna. Según me contó mi mamá, con el dinero otorgado por el gobierno por el nacimiento de mi hermano Javier, mis padres pudieron comprar las chapas de zinc para techar las dos habitaciones que mi padre, seguramente con ayuda de algunos de mis tíos, había levantado junto a la casilla de madera y chapas de negro cartón para ampliar la casa. Ya éramos 6 los integrantes de la familia y se hacía imprescindible la ampliación de nuestra vivienda. 
Entre los deportes predilectos de mi padre estaban el fútbol y el automovilismo. Su pegada al balón más prodigiosa era con "la zurda", algo que yo heredé, aunque sin su técnica ni destreza. Siendo casi un hincha fanático del Club Atlético River Plate fue casi un asunto genético (lo llevamos en la sangre) que sus cuatro hijos se hicieran también seguidores del Club de Nuñez. Mi madre, pobre, era la única que simpatizaba con Independiente, el club de Avellaneda. Bueno, ¡al menos no fue hincha de Boca Juniors! 
Mi hno Ale era el menos futbolero de los cuatro, pero aún así recuerdo que un tiempo lucíamos con orgullo los pantaloncitos negros y las camisetas con la banda roja cruzando el pecho, que incluso llegaron a tener en sus espaldas los números en cuerina de color negro. El patio que se había formado entre la casa y las rosas y claveles que mi madre tenía pegadas al alambrado frontal del terreno fue el lugar donde nuestro padre nos enseñó algunas técnicas y estrategias futboleras. Allí Javi pasaba a ser Reinaldo "Mostaza" Merlo, Ale se convertía en J. J. López, Rubén en Daniel Passarella y yo me transformaba en el Beto Alonso. Dicen los parientes que lo vieron jugar que mi padre fue un talentoso jugador de fútbol, quien mereció poder demostrarlo a nivel profesional. Mis hermanos y yo disfrutamos a pleno de sus gambetas y "picardías" en nuestro patio o en los potreros donde jugábamos con tíos y primos. 
Otro lejano recuerdo de la casilla y sus paredes de madera se relaciona con un gran póster donde se veía el logo oficial del Mundial de Fútbol que se disputó en Argentina en 1978, como así también el dibujo del nene gaucho, "la mascota" del evento deportivo. Aquel campeonato logrado sin duda representó para mí, un niño que aún no tenía 7 años de vida, la primera gran experiencia de alegría y victoria colectiva, la del pueblo argentino; gracias al seleccionado nacional y su equipo técnico la gente pudo salir a festejar en las calles, a pesar del crudo invierno, la obtención de nuestra primera Copa del Mundo. Y nosotros, en nuestra humilde vivienda, salimos al patio para gritar y agitar banderas argentinas. 
Cosa curiosa la de la memoria y su administración de ciertos recuerdos. Exactamente un año después del aquel histórico triunfo de la selección nacional en el partido final contra la selección de fútbol de Holanda, se jugó un partido amistoso en la cancha de River entre nuestra selección mayor y un combinado de jugadores extranjeros, varios de ellos de reconocida trayectoria internacional. Los visitantes se tomaron muy en serio el asunto y salieron a la cancha para jugar fuerte y neutralizar el juego argentino. El gol de Maradona no fue suficiente para revertir el resultado del partido. Ahora bien, el recuerdo de esa derrota había sido bloqueado en mi memoria hasta hace muy poco tiempo. Por el contrario, tengo más que presente el título logrado por la Selección nacional de fútbol juvenil en la Copa Coca-Cola realizada en Japón. El equipo argentino logró el campeonato al vencer 3 a 1 a la selección de la Unión Soviética en la final del certamen. Para ver esos partidos los argentinos debimos madrugar. Esto se debió a la amplia diferencia de usos horarios que existe entre Argentina y Japón. 
Con respecto al automovilismo, el levantarse de la cama, en ocasiones bastante temprano, para presenciar las carreras de la Fórmula 1 o las del T.C.(Turismo Carretera) se fue constituyendo en un verdadero clásico de los días domingo. Mi papá era el primero en estar listo para sentarse frente al televisor y a medida que se aproximaba el momento de la largada nos hablaba para preguntarnos si íbamos a verla. 
Así como en el fútbol , yo también tenía un ídolo en las carreras de la Fórmula 1: Niki Lauda, piloto austríaco que en 1976 protagonizó uno de los accidentes más impactantes de la historia automovilística cuando perdió el control de su auto, y luego de una espectacular colisión, se incendió rápidamente, lo que ocasionó graves quemaduras que casi provocan su muerte. Una anécdota que he narrado en Memorias de aquel tiempo adolescente en San Francisco Solano (Ediciones Encontrarnos; 2021) relata cuando la maestra en primer grado regaló una bolsita de golosinas que también traía un juguete muy pequeño en su interior. A mi me tocó un auto de Fórmula 1 con el n° 1. En la vida real, durante todo ese año 1978, tal número en su automóvil lo tenía el último campeón mundial: Niki Lauda. Luego mis padres tuvieron que comprarle un autito a cada uno de mis hermanos.