TROVADORES URBANOS (músicos en peligro de extinción!)
Cada tanto, en mis viajes en el ferrocarril Mitre con rumbo a mi trabajo, veo y escucho a un joven hombre que canta y toca la guitarra criolla frente a los pasajeros del tren.
Para ser sincero, debo decirles que no tiene una gran voz , seguramente gastada por la exigencia cotidiana y que su técnica instrumental es apenas la básica, ejecutada con una guitarra que parece gritar por un pronto retiro.
La gran mayoría de los pasajeros, entre los que me incluyo, no parecen prestar demasiada atención a ese hombre, de unos cuarenta años de edad, de aspecto algo desprolijo, de pelo largo, a veces con barba y con ropa con aires "hippies".
Pero no solo ese aspecto, que para algunos puede resultar simple - e incluso vulgar- parecen jugarle en contra. Sus interpretaciones musicales suelen ser iniciadas, mediadas y finalizadas con un discurso que destacan aspectos humanitarios, moralistas, por momentos filosóficos y denunciando profundas y perturbadoras problemáticas sociales.
Las letras de sus canciones, muchas veces casi desconocidas aún siendo de artistas destacados, pueden hablar del Che Guevara, de la guerra civil española o de las injusticias propias del capitalismo. Su discurso, su música, su arte, es esencialmente político.
Cualquier asesor de imagen o de marketing, de esos que se llenan los bolsillos manipulando las voluntades de políticos o músicos que aspiran a ser famosos o relativamente "exitosos", dudaría ante la ardua tarea de transformar la voluntad, el estilo o la apariencia de ese artista urbano y rebelde, no solo por la escasa posibilidad de obtener una ganancia monetaria sino, sobretodo, por el temor de fracasar en moldear un producto superficial y vendible, anulando o eliminando la rebeldía más auténtica.
Cuando aquel hombre culmina su interpretación musical acontecen unos segundos de tenso silencio, como si el público se hiciera rogar para dar su aplauso, hasta que finalmente se produce.
Una noche, cuando ya casi terminaba de recibir unas monedas tras su interpretación, el hombre dijo algo que suele decir, un consejo que no viene mal en éste tiempo tan frenético y superficial. Dijo entonces:
"...y esta noche, antes de encender el televisor, recuerden que es mucho mejor leer un libro".
Entonces -para ir acelerando la presente anécdota- una mujer, de condición humilde, que parecía tener algún trastorno mental, le respondió, más o menos, en estos términos:
-" ¡Pero que venís vos a dar consejos, comunista resentido, amargado y perdedor! ¡Te la das de Charly García y sos un pobre músico que toca en los trenes, que no tiene dónde caerse muerto!".
No conforme con su sentencia agregó:
-"¿Encima venís a decirnos que no veamos la tele?. No todo es malo en la tele. En canal Encuentro dan lindas cosas. ¡Y sino lo tenés a Tinelli!".
La mujer continuó vociferando y el hombre algo le retrucó, pero sin ánimo de profundizar en la discusión, ya que era evidente que la mujer no estaba totalmente en sus cabales.
Carlos Eduardo Díaz Derechos reservados del autor Buenos Aires Argentina