CAPÍTULO UNO: MARIANO SEGOVIA
La prolongada e infernal ola de calor que castiga sin piedad a gran parte de la provincia de Buenos Aires hizo dudar a Mariano Segovia sobre la conveniencia de emprender el viaje. Pero no podía seguir postergándolo. Solo rogaba a Dios que su viejo chevrolet 400 SS, que había heredado de su padre, pudiera completar la travesía sin grandes sobresaltos. Tener que bajar del auto por un desperfecto mecánico en ese agobiante mediodía dejaba abierta la posibilidad de morir calcinado sobre la ruta, exageró un poco antes de subirle el volumen a la radio. Las noticias informan sobre una realidad caótica en los grandes centros urbanos del país, producto del descontrol de las variables económicas, del accionar de los piqueteros y los saqueos a supermercados. Algunos analistas incluso hablan del traspaso adelantado del poder presidencial.
El intermitente destello de los rayos detrás de las nubes, y los truenos que se escuchan pocos segundos después, permiten pronosticar la tan esperada tormenta que traiga algo de alivio a la región. Cuando finalmente se desata la furia de lluvia y viento sobre la ruta Mariano se ve obligado a salir de ella porque es muy peligroso seguir conduciendo en esas condiciones climáticas. Unos kilómetros atrás había visto la publicidad de un parador-hospedaje ubicado a escasos metros de una estación de servicio YPF. Por fortuna pudo llegar a él en ese preciso momento. Al ingresar lo impactó su ambientación "retro" de los años 50 y 60.
Habían pocos clientes así que no tuvo que esperar mucho tiempo para ser atendido por Samanta, la única persona que parecía estar trabajando en el lugar. Ella era joven, muy bonita, y su natural simpatía sin duda resultaba reconfortante para los viajeros. Durante varios segundos Mariano quedó como embobado, observando a la muchacha, hipnotizado por su sonrisa y demorando en dar respuesta a su pregunta :
-¡Buen día! ¿Deseas pedir el plato del día o prefieres consultar el menú?
Mientras espera el almuerzo el joven se dirige hasta la llamativa vitrola y no tarda en decidirse por una canción. Cuando comienza a sonar Green River de los Creedence Clearwater Revival experimenta una peculiar forma de felicidad.
Minutos más tarde, al servirle Samanta el plato solicitado, Mariano le preguntó si aún estaba lejos el punto que le señalaba en el mapa que había puesto sobre la mesa.
La joven le informa que 5 km al sur debe salir de la ruta y recorrer otros 10 km por un polvoriento camino que lo llevará a ese destino.
Ella no puede evitar ser curiosa y le pregunta:
-¿No tienes miedo de ir solo a ese lugar?
-Sinceramente no tengo miedo. ¿Porqué debería tenerlo?
-Es casi un pueblo fantasma. Pero supongo que asistirás a los festejos por "la luna de sangre". El lugar sólo adquiere vida cuando hay luz lunar...bueno... ya sé que la luna no tiene luz propia...se entiende ¿no? -dijo ella levemente sonrojada por la sonrisa que generó en él su ocurrencia.
-¡Qué interesante! ¿Escuchaste hablar de un tal Demetrio Segovia?
-¡El "escritor espectral"! Dicen que está "maldito", al igual que ese pueblo.
Cuarenta y cinco minutos después Mariano se retira del lugar no sin antes dejar bajo el plato unos billetes extras junto a una tarjeta de presentación donde se puede leer MARIANO SEGOVIA (Escritor). En su reverso solo hay un número de teléfono y entre paréntesis el número de interno.
-¡Muchas gracias por tu amable atención! ¿Sabes si hay hoteles en Gaucho Malo?
-Uno muy modesto. Aquí al lado tienes uno de mayor nivel. ¡Hay habitaciones disponibles! -dijo Samanta con un brillo especial en su rostro casi angelical.
-Ok, lo tendré en cuenta. Por cierto, me encantó la ambientación de este lugar. Será porque algunas personas me han dicho que tengo un "alma vieja".
Samanta sonrié hasta ver salir al joven del lugar. Pero cuando alcanza a leer la tarjeta se pone seria y piensa si el mísmo apellido que el escritor "maldito" de Gaucho Malo es solo una perturbadora coincidencia.
La tormenta ya se aleja hacia el este y el sol pronto volverá a elevar la temperatura. Mariano enciende el motor de su automóvil y al mirar por última vez hacia el parador la ve a Samanta muy cerca de la ventana observándolo desde el interior con cara de preocupación.
Desde que era un niño Mariano ha sentido una especial atracción por la literatura. Leer y escribir son para él como las dos caras de una misma moneda. Pero en los últimos años esa necesidad creciente de escribir a pasado a ser como una pulsión vital, un fuego interno que arde y quema, reclamándole expresarse a través de la palabra escrita. Su timidez siempre fue un serio obstáculo para comunicarse con los demás. Ser escritor le ha permitido romper buena parte del aislamiento que le impedía darse a entender y así pudo mejorar sus vínculos con las personas reales, insertándose de manera más productiva a la sociedad.
El camino hasta Gaucho Malo, también conocido por algunos como "el pueblo de Mandinga", era apenas una delgada capa de asfalto que en varios tramos del recorrido ya estaba muy deteriorada, lo que provocaba el levantamiento de densas nubes de polvo cada vez que pasaba un vehículo.
Mientras conduce hasta el pueblo diversos pensamientos cruzan por su cabeza. Es un joven periodista y escritor que sueña con vender muchos libros y lograr así el reconocimiento de la crítica especializada y de los lectores. Pero la realidad es que sus dos libros de ficción se han vendido muy poco. Mejor suerte tienen sus columnas en el periódico sensacionalista "El observador indiscreto" donde el editor en jefe le permite escribir sus crónicas de resistencia (supervivencia en la mayoría de los casos) siempre y cuando incluyan unas buenas dosis de actividad paranormal, morbosidad y violencia explícita. Esa realidad laboral provocaban en él un cierto fastidio y una gran frustración. Por un lado pensaba que lógicamente la situación económica impedía a mucha gente poder destinar parte de su dinero a la compra de libros y que debían conformarse con lo publicado por el diario. Pero también se preguntaba si la buena repercusión de esas publicaciones le servían para alejar el fantasma del escritor mediocre que cada tanto lo atormentaba.
Mariano quería crecer como escritor y para ello tenía bien en claro que debía aprender del talento y el saber de los escritores más experimentados. Leerlos y escucharlos resultaba entonces imprescindible porque en ellos podría encontrar sabiduría y templanza para encarar con renovado ímpetu su anhelo de ser un escritor, sino consagrado, al menos medianamente reconocido.
El hecho que estuviera conduciendo en ese desolado camino con rumbo a un pueblo casi perdido en medio de la nada obedecía en gran parte a ese interés en aprender de los escritores más sabios.
Un día estando en la redacción del periódico alguien le hizo llegar un sobre con un papel dentro, escrito a máquina, donde se mencionaba a un peculiar personaje conocido como "el escritor espectral": un hombre mayor narrando historias de terror y misterio en un bar del sur provincial que alguna vez había sido una pulpería. Historias con mucha actividad paranormal que el mismo narrador había escrito. Sin embargo, era el nombre del tipo, Demetrio Segovia, lo que más le llamó su atención puesto que así también había sido el nombre de uno de sus ancestros, muy lejano en el tiempo, cuarta o quinta generación anterior a la suya, al parecer también un apasionado escritor, considerado "maldito" en la tradición oral familiar y del que absolutamente nadie en la familia, durante muchísimo tiempo, supo su nombre. Es que generalmente recordamos solo hasta el nombre de nuestros abuelos pero aquel ancestro escritor había sido el tatarabuelo de Mariano Segovia. Y todo esto, es decir, el nombre y su posición en el árbol genealógico, recién lo supo luego de estudiar unos documentos que habían estado bajo custodia de su abuelo.
Pero ¿porqué "el escritor espectral" de Gaucho Malo tenía el mismo nombre que el ancestro de Mariano? ¿Sabía de él y lo utilizaba como una especie de homenaje? ¿Era un chanta tratando de obtener una ganancia o ventaja? ¿O era pura casualidad?